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Merida de Mis Amores

CULTURA - Cultura. 11/05/2010
Fuente Diario de Yucatan


Puntas y trova convergen en un espectáculo de danza

Representan el amor por Mérida en el Peón Contreras


Las artes, desde siempre, se han ayudado unas a otras. Desean llegar juntas a orillas accesibles. Pintura y Literatura. Escultura y Arquitectura. Danza y Música. De la alianza de estas últimas tuvimos claro ejemplo anteanoche en el Teatro Peón Contreras.

Se trató de un homenaje de bailarines de ballet a la más pura trova yucateca. Un alarde de “puntas” para el romanticismo callejero y de ventana. Ejercicio de fraternidad entre dos expresiones que se supone socialmente distanciadas.

El coreógrafo Víctor Salas bosquejó una serie de cuadros en los cuales la danza atrapa ritmos y canciones tradicionales entre sus mágicas redes. Solistas, parejas y grupos materializan el lirismo, añaden corporeidad a la esencia poética, acotan el inmenso poder de las metáforas de Pepe Narváez, Juan Acereto, “Coqui” Navarro y Pepe Guízar. El amor por Mérida —indica el coreógrafo— fue el punto de partida para estimular los pormenores de esta idea. Los apuntes del movimiento bailable intentan establecer una unidad de sentido con los afanes trovadorescos. Ahí donde la ciudad es alabada, el octosílabo se torna pirueta, y el bambuco, arabesco. En el punto donde la guitarra y la voz humana sustantivaron el homenaje a nuestra ciudad en sonetos o liras, el ballet ensaya su propia magia. Los jóvenes cuerpos discurren como textos vivos, imitan la ritmicidad, se flexionan hasta obtener la fusión de materia y sentido humano.

Participaron cinco bailarinas y siete danzantes de la Compañía de Danza Clásica de Yucatán. Música hubo viva y presente: la poderosa voz de Patricia Achach, la hermosa tesitura de Addalberto y el fuego interpretativo del trío Vendaval (Elías Reyes, Moisés Osorio y Gaspar Ortiz). Como asistente en la dirección notamos al bailarín Sergio Núñez. En dos momentos se emocionó el cronista: con el alarde de guitarras generador del baile con bastones y cuando Patricia entonó “Mi Mérida” de aquel sencillo y generoso “Chucho” Herrera, cuya “Reina de reinas” debió interpretarse miles de veces en la festividad de ayer.

El cronista asistió a este espectáculo en vista de su belleza y porque ya decidió acudir a otros, los más que pueda, antes que llegue 2012 y se acabe el mundo. Y no porque así lo diga el Chilam Balam, sino porque los “golpes de timón” parecen estarnos llevando a un maléfico despeñadero donde el olor a “deja vu” será insoportable.— Jorge H. Álvarez Rendón


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