Por Manuel J. Tejada LoríaYa
no me duele el aire que respiro, ni la mirada violenta del amigo que
traiciona. Estos dos versos corresponden al libro más reciente de un
poeta yucateco que prácticamente se ha formado fuera del Estado, de la
Península e incluso del Sureste. Me refiero a Álvaro Baltazar Chanona
Yza (Yucatán, 1962) quien está de vuelta en Mérida para presentar su
poemario La alforja de los desprendimientos.
Causa inquietud su
presencia: Álvaro Chanona, a la par de su oficio literario, es también
militar. En la historia hemos visto cómo los escritores compaginan su
labor en las letras con otras profesiones, algunos son maestros, otros
empresarios, uno que otro es todólogo, e incluso algunos son
gobernadores, como Agustín Yáñez. El caso de Chanona es doblemente
excepcional, ya que, como cirujano naval militar, conjuga su formación
castrense con la Medicina.
Estudió en la Universidad del
Ejército, fue cadete, se especializó en cirugía. Pero a la par, dentro
de esa “atmósfera, antiestética y antagónica” como él mismo señala, fue
cultivándose como un buen lector que lo llevó de manera irremediable a
la escritura.

Llama
poderosamente la atención que sus primeros pasos como escritor los
diera a lado del poeta Elías Nandino, con quien aprendió “los
artificios de la poesía, la capacidad de síntesis y agrupación”. Estoy
seguro que dicho aprendizaje le ayudó a nutrir su poesía en medio de
situaciones adversas.
Durante una entrevista en la radio, Álvaro
Chanona confesó que en La alforja de los desprendimientos hay imágenes
tomadas de la vida castrense, específicamente en el capítulo ‘Los
sueños hirsutos de un navegante’. Ahí da cuenta de su experiencia como
cadete y de sus viajes por el Pacífico mexicano. “Hay todo un lenguaje
o terminología técnica de los barcos”, señala.
Tenemos,
entonces, a un poeta que observa la realidad, cualquiera que ésta sea,
para rehacerla bajo el tamiz del lenguaje y la poesía. Él mismo
advierte que como poeta es constructor de la realidad, pero que para
completar este proceso, es necesaria la complicidad del lector.
La
alforja de los desprendimientos (ICY/Verso destierro/Conaculta, 2009)
será presentado por los poetas yucatecos Lourdes Cabrera, Tomás Ramos y
Fernando de la Cruz el viernes 24, poco después de las ocho de la
noche, en la biblioteca Manuel Cepeda Peraza, contra esquina del parque
Santa Lucía. Sin duda, será una oportunidad para platicar con el poeta
y, desde luego, conocer más sobre él y su producción literaria.
Según
escuchamos hay un tercer poemario a punto de publicarse en Veracruz, se
llama Preludios para Cáncer. El primero es Catarsis (Universidad
Autónoma de Baja California, 1986) que esperamos pueda conseguirse a
través del autor. No obstante, más allá de seguirle la pista a estas
publicaciones, habría que reflexionar sobre algunos puntos que surgen
de esta experiencia.
De nueva cuenta llama la atención la
cantidad de escritores nacidos en Yucatán pero que radican en otros
lugares. Tal es el caso de Álvaro Chanona quien vive en el norte del
país; Jorge Pech en Oaxaca, Felipe Koh en Querétaro, Will Rodríguez al
parecer en España, Raúl Cáceres en Toluca, Raúl Renán y Agustín
Monsreal en el Distrito Federal, y no sé cuántos otros.
Desde
luego que el factor de que hayan nacido aquí es circunstancial, además
que la literatura no atiende a cuestiones geográficas, pero resulta
útil como registro de los procesos literarios de cada región. No
olvidemos que los autores de nuestra tradición literaria, en su mayoría
estuvieron también fuera del Estado y habría que averiguar en qué
medida esta lejanía influye en el acto de escritura.
Por lo
pronto el poeta Álvaro Chanona, por cierto originario del barrio de San
Sebastián (¡San Sebastián power!), estará por estos rumbos. Y no hay
nada mejor para terminar la semana que recetarnos una buena dosis de
exquisita e inteligente poesía. A final de cuentas –y lo dice un
militar, médico y poeta a la vez– “todos estamos heridos de vida y
muerte”.
Por esto!, jueves, 23 de julio de 2009.