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No hay Anzuelo Para Estos Peces

Fuente: Red Literaria del Sureste.

Por José Francisco Castillo Baeza

En la literatura moderna el lector es el principal personaje

Milán Kundera



Preocupa ver cómo muchos sectores de la masa de estudiantes de preparatoria se muestran reacios ante la lectura. No digamos ya al goce de la experiencia estética (que ese, de plano, parece estar muy lejos de cautivarlos) sino a nivel de comprensión elemental. Platicando con otros profesores que imparten materias como Lectura y Redacción, Literatura o Historia en distintas preparatorias de la ciudad, nos hemos dado cuenta de lo difícil que es inculcar a los estudiantes el hábito de leer.

No es ninguna novedad hacer notar que el problema tiene que ver directamente con la formación escolar en los niveles básicos. Uno puede comprobarlo cuando, a nivel de bachillerato, se les pone a leer y algunos estudiantes no logran comprender ni siquiera a un nivel superficial. A otros, el objeto libro se les presenta como un bicho raro, estigmatizado, ¡carente de sentido!. Recuerdo la frase de un estudiante cuando, consternado, se me acercó para decirme con sinceridad “maestro, es que yo nunca he leído un libro¿ me puede marcar otro tipo de tarea?”. O bien “¿Por qué tenemos que leer un libro entero cuando podemos ver de qué trata en los resúmenes de internet?”.



El asunto es preocupante. ¿Cómo despertar el interés en la lectura, en la literatura, si muchos alumnos llegan a la preparatoria con la sensibilidad entumida? ¿Cómo hacer para mostrarles el nivel de sugerencia, la profundidad y los niveles connotativos de los textos cuando ni siquiera logran comprender a un nivel gramatical? Y los que tienen una mejor comprensión lectora, no muestran interés alguno; ningún poema o cuento es capaz de conmoverlos o de sacudir sus tapetes bien anclados al piso de la indiferencia. Estos que no tienen problema para comprender los textos, en muchas ocasiones, son estudiantes que tienen buenos hábitos de estudio; sacan buenas notas en Lectura y Redacción o literatura como en matemáticas o química. Es decir, son buenos estudiantes en general, leen, comprenden pero hasta allá; fuera de lo marcado en clase, sería imposible que leyesen algo por su cuenta.

Muchos estudiantes llegan a la preparatoria y parecen piedras que caminan. Son duros. Impenetrables. No tienen una actitud abierta para conocer otras realidades; la suya les basta y les sobra. ¿Qué hacer ante este panorama? ¿Qué tipo de anzuelo debemos fabricar para atrapar estos peces que, sumergidos en zonas abisales, bien acomodados allá, no reconocen nada que no tenga que ver con sí mismos?

Si como afirman los teóricos, la lectura es un acto en donde dialogan el texto con las experiencias del lector (con la “enciclopedia personal” que mencionara Umberto Eco), ¿Qué sucede con algunos estudiantes que no logran entablar el diálogo? ¿Qué es lo que está roto?

Y para colmo de males, el nuevo sistema llamado “Competencias”, promovido por la Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS) aprobada el año pasado, centra sus principios en el pragmatismo, minimizando en los andares educativos, la reflexión y la capacidad para hacer abstracción. Todo lo que no sea práctico-utilitario pasa a segundo o hasta tercer término. Lo que cuenta aquí no es que alumno piense sino que haga, realice y resuelva. Tal y como señalaba Jorge Cortés en su artículo “El cinismo de la publicidad”, publicado en este espacio y en el cual comparaba los mensajes contenidos en un envase de un yogur con lo que está ocurriendo con cierta planeación educativa.

“Hay universidades que están creando técnicos para lanzarlos en plena carrera al campo laboral, procurando una aparente conveniencia para el estudiante, pero en realidad condenándolo a ser un triste aprendiz que quizá tendrá trabajo seguro pero pobres posibilidades de escalar puestos mejores y de ampliar su calidad de vida.”



Se trata de automatizar al estudiante, mecanizar sus procesos de aprendizaje con el fin de que sepan “aplicar” el conocimiento a problemas “concretos” de la vida diaria, bajo la justificación de que eso es lo que necesita el país en estos momentos. Pues sí, bajo el presente sistema, claro que se necesitan obreros, y se necesitan más obreros que no piensen más que en asuntos prácticos e inmediatos; autómatas resolutos que rindan veneración a la producción de calcetines en serie.

Y mientras este contexto (algunas posturas educativas, la publicidad y los medios masivos de comunicación) nos va devorando sin concesiones, vigorizar el espíritu, formarse una conciencia crítica parecen no ser prioridad hoy en día para muchos estudiantes. Ni hablar

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