Fuente: Por Esto!
Por Víctor Salas
A fin de cuentas, el destino es la historia de una sociedad o de un individuo, quien es parte de ella. Sucede que destino e historia se alcanzan en ciertas etapas del tiempo. Si esa historia y su consecuente destino se relacionan con el arte de un individuo, entonces estamos escribiendo un TODO de la sociedad. Esa es la virtud del arte y lo es porque ningún artista, cuando asume sus responsabilidades, lo hace pensando en cuántos premios, reconocimientos o estímulos económicos recibirá en su vida profesional. Lo económico es condición de vida, pero el premio o el reconocimiento, es la añadidura inesperada. El artista siembra y cosecha. Esto último dilata en llegar, pero se da. Tarde o temprano, sucede.
Sergio Núñez Sierra, artista formado en la histórica Compañía Provincial de Ballet, fue merecedor de un reconocimiento el domingo 4 de abril. Y encabezaron tal reconocimiento, la maestra Graciella Torres Polanco, Directora del Fomento a la Danza del ICY, quien estuvo acompañada del promotor de este evento, Edwel Cetina, y de los maestros en danza jazz, Lucero Camarena y Ricardo Cossio. .
Todo lo que pueda haberse dicho la noche del domingo, actividad escénica, labor educativa, gestoría cultural, registro de obras o trabajo como traspunte escénico, acerca del homenajeado, resulta incompleto en el caso de un artista, que como Sergio Núñez, se inició y permaneció en los terrenos del arte en los periodos más difíciles de dicha actividad, tiempos en los que nadie soñaba con poder recibir un salario para bailar, tener un lugar seguro para desarrollar dicha actividad o merecer el respeto o la consideración de las autoridades. Sergio, entró a la danza. Se mantuvo. Su vocación le impidió salir y abandonar la danza, pese a todos los obstácúlos. Por dichas dificultades profesionales, la historia del maestro Núñez es amplia, saturada de anécdotas, impregnada de momentos difíciles, pero desarrollada en la virtud de las realizaciones, del hacer para poder ser. Y ser -no sólo en los aspectos prácticos-, sino ser con todas las consecuencias, hasta lograr pisar cosas trascendentales como haber sido pareja de danza de las importantes bailarinas que la escena yucateca ha dado: Cinthia Ricalde (+), Eglé López, Ileana Menéndez, Gabriela Martínez de la Portilla. Pero amen de esa trascendencia, el desarrollo de la coreografía yucateca tendrá deuda con él, pues obras de la Compañía Provincial de Ballet, que hasta hoy se mantienen como repertorio dentro de la Compañía Estatal de Danza Clásica, fueron creadas para él. Tales son: Leda y el Cisne, la Boda Mestiza, el Cha Há Chaac, Sones de Mariachi, Pandemóniun, entre otras. Pero además, gracias a su vocación, la escena yucateca y la balletomanía local, conoció obras como la Canteen Keeper, Le Papillon, Golden Age y otras piezas angulares de la coreografía universal.
Uno no se retira de su destino, porque sería como abandonar el amor a la vida y la vida es trabajo, aportaciones a la sociedad, huella en la historia y letra sustantiva para la eternidad. Así, aunque el tiempo nos obliga a desparecer de los escenarios y perder los ojos del público, la dicotomía destino-amor, continúa siendo lenguaje en la kinesis de otros, cuando la experiencia profesional se traslada a las nuevas generaciones, al convertirse en maestro. La extensión del trabajo de Sergio Núñez, fue palpable en las Academias particulares de danza de Nuria Ojeda, Miriam Cazola, Milne Barrera, Carmen Cerón y algunas otras más.
Edwel Cetina, director del Universo Dancístico, tuvo buena decisión al brindar este reconocimiento a una de las figuras de la danza que más le han dado a la escena yucateca