Ricardo E. Tatto
Fuente: http://neoperiodismocultural.blogspot.com
Como parte del proyecto ganador de la convocatoria Iberescena, en la ciudad de Mérida, Yucatán, inició el 1er Festival de Teatro de la Rendija que a lo largo de una semana, del 7 al 14 de marzo de 2010, pretende brindar un espacio de colaboración y reflexión para los teatristas locales y de Iberoamérica, en cual a través de dinámicas de trabajo y el escaparate escénico se están logrando redes y diálogos sobre las problemáticas de gestión, producción y creación, temas afines a la comunidad teatral no sólo de México, sino del mundo.
En la primera jornada (Domingo, 7 de marzo) se presentó "La importancia de llamarse Ernesto”, original de Oscar Wilde y con dramaturgia de José Ramón Enríquez. La obra fue dirigida por Raquel Araujo y realizada por la Compañía Teatro de la Rendija, anfitriona del festival, en el Teatro José Peón Contreras ante un lleno total. Posteriormente, se brindó un reconocimiento a siete grandes maestros de la escena yucateca: Nonoya Iturralde, Graciela Buchanan, María Teresa Sansores, José Antonio López Lavalle, Francisco Ríos, Wilbert Paredes y Elena Larrea, que lamentablemente no pudo estar presente.
En la segunda jornada (Lunes, 8 de marzo) se realizó un espectáculo unipersonal callejero titulado “Pelada na rua” (o Jugando con mis pelotas en la calle), de Alexandre Roit, representante de Brasil en el festival y originario de Sao Paulo. El montaje de índole circense se realizó en la Plaza Grande, logrando aglutinar a muchos espectadores que se hicieron partícipes del show en el cual se utilizaron varias técnicas del clown como malabares y acrobacias.
Posteriormente, ya en la sede de la Casa de Teatro de la Rendija, le tocó el turno a Emilce González, representante de Colombia que montó un unipersonal basado en la vida de Alieth Ortiz, campesina y artesana de Villa de Leyva. El monólogo pleno en recursos líricos, nos cuenta las vivencias y vicisitudes atravesadas por esta mujer a lo largo de su existencia, donde utilizando como metáfora visual un árbol carmesí, aprovecha desentrañar las múltiples ramificaciones constituidas por encuentros y desencuentros familiares, amorosos y personales.
En la tercera jornada (Martes, 9 de marzo) comenzó el “Coloquio de creadores sobre creación y gestión para las artes escénicas de Iberoamérica”, consistente en dos mesas de trabajo con sede en el Hotel Nacional. En la primera, con el nombre “Gestión de proyectos para teatro de grupo”, se estrenó la dinámica cuyo principio fundamental transcribo:
“Las rendijas del Teatro: No hay un principio. Los que están sentados a la mesa son los actores. El menú de hoy es la gestión de proyectos para teatro de grupo. Conversar es el único plato que se degustará. Horizontalidad. Para participar puedes ocupar una silla que se desocupe de las que forman parte de la mesa de trabajo. Si la mesa está llena y no hay cambios, puedes pedir que alguno de los participantes te ceda una silla. Si dejas tu silla a la mesa, siempre puedes regresar. Puede haber silencio. Puedes romper el silencio con una pregunta. Puedes escribir tus preguntas en el papel que hay en la mesa. Podemos todos reír todo lo que queramos. No hay conclusiones. Abrimos un diálogo continuo a lo largo del festival, entre nosotros, y más allá, todo lo que queramos.”
Bajo este concepto rector, la facilitadora Emilce González inició hablando de su experiencia personal en la escena teatral colombiana y su preocupación personal por realizar trabajo social a través del teatro. A continuación Óscar López, director escénico, relató sus vivencias con la labor teatral en Cancún con el grupo “La Bambalina”, donde mas que un grupo teatral, todo giraba en torno al director o líder moral en turno, delegando responsabilidades a cada miembro pero con el fin de ajustarse a trámites burocráticos sin tener tanto en cuenta las necesidades de un grupo teatral como tal.
Agregó que en Quintana Roo todo se mueve alrededor de la política; sin embargo, afortunadamente habían personas que durante su juventud estuvieron ligadas al teatro y que en el presente, siendo exitosos empresarios, funcionarios y “gente de bien”, no han dejado de apoyarles. Comentó que a través de Actuemos juntos A.C. y Fundación Oasis se han producido proyectos artísticos y educativos, por lo que paulatinamente se ha ido conformando una relación de trabajo. Aún así, el Festival Iberoamericano de Teatro 2009 se realizó sin apoyo institucional y con dinero de la iniciativa privada.
En su intervención, el director e investigador Salvador Lemis (Cuba) aportó su punto de vista desde dos perspectivas: la de un sistema comunista y la del capitalismo. Dijo que trabajando en muchas partes aprendió que la política es el ejercicio del gran descaro, por lo que es inútil continuar quejándose. Para él, el teatro ha sido siempre su tabla de salvación, ya que cuando incluso trabajó como guionista de televisión día y noche, ganando un súper salario pero sin crecimiento espiritual, la posibilidad de volver al teatro montando “La ciruela” en la extinta Escena 40°, le devolvió la cordura y decidió dejar el D.F. Resumió la problemática del arte en Cuba y en México de la siguiente manera: “mientras en Cuba está el viejo dirigiendo todo desde su cama a través de su hermano para garantizar la continuidad, aquí en México falla exactamente lo contrario: no existe la continuidad de los proyectos artísticos”.
Luego, Lupita López retomó el tema de la independencia gubernamental, ya que según ella “el dilema siempre está presente. Cuando uno es joven existe desprecio hacia lo económico y sólo interesa la calidad del producto artístico”. Cuando fundamos TITE A.C. (Taller Independiente de Teatro Experimental) durante 8 años la premisa fue “La libertad es fundamental a toda costa”. Para sobrevivir hicieron teatro callejero, decantándose hacia la periferia, pero se dieron cuenta que sin importar hacia que alternativa se movieran siempre había una codependencia de algún tipo. “El teatro comunitario era obligadamente ditirámbico, la cuarta pared se borraba en los pueblos a los que íbamos, lo que hacía muy difícil hacerlo de esa manera”.
Acotó que en esa época la lógica de la política mexicana exigía algo a cambio de los apoyos: “por eso durante muchos años sólo trabajamos con fundaciones internacionales”. Tocó un punto neurálgico al hablar sobre la rapiña en el teatro, un tema muy relacionado con la gestión de grupos, ya que “el pastel presupuestal es pequeño, no alcanza para todos, lo que provoca que todos nos abalancemos por una rebanada en lugar de estar unidos”. Subrayó que todo lo anterior ha cambiado la forma de mirar el teatro como una comunidad, ya que no sólo se pelea por los recursos, sino que al mismo tiempo se desgastan, se hacen trizas y compiten entre ellos mismos. Finalizó su comentario diciendo que “vale la pena redimensionar nuestra dignidad como artistas y la ética de la creación. Hay que dejar atrás la rapiña teatral, sacudirnos esas posturas individualistas y preocuparnos por nuestro futuro y el de las nuevas generaciones de estudiantes de teatro”.
Aprovechando el punto álgido de la mesa, Alexandre Roit (Brasil) expuso que el problema es similar en todas partes, pero que en su opinión, si uno vive a medias de una vaca, debe matar a la vaca para poder encontrar otro camino y una forma de sobrevivir en el arte: “Vivir es un acto político, decía Brecht. Yo pienso que una base para sostenerse es el tripié conformado por la ética, la estética y la técnica”.
Por su parte, Esther Pallejá (España) comentó el contexto del teatro europeo, donde si bien hay más recursos, existe un marasmo en los métodos de producción que impiden la novedad: “nosotros les envidiamos a los mexicanos la creatividad y originalidad para sortear la problemática de producir teatro mexicano”.
Para cerrar la mesa de trabajo, Alejandra Díaz de Cossío (México) discutió el descarado centralismo cultural mexicano, donde la mayor parte del presupuesto se destina a la zona centro ignorando la calidad y cantidad de la producción del interior del país, lo que ha dado como resultado que muchos teatristas se aferren a su vaca chancha y se queden en la inmovilidad de la ciudad de México, donde por comodidad lo más fácil es prenderse a la ubre gubernamental sin salir a buscar otras alternativas.
En la segunda mesa de trabajo titulada “Desmontaje y procesos creativos”, el facilitador Carlos Vignola (Argentina) bosquejó el espectro buonarense en cuanto a espectáculos, donde la oferta teatral es tremenda pero la demanda es insuficiente. También habló de las tropiezos burocráticos que muchas veces impiden que un teatro pueda funcionar por la falta de cierto número de sillas, normas de seguridad que rayan en la exageración y demás impedimentos.
En su turno, la directora y actriz Raquel Araujo habló de sus inicios como estudiante en la Facultad de filosofía y letras, donde la falta de interés en el teatro que se gestaba en aquella época la obligó a buscar otras formas de escape creativo. Contó la conformación de Teatro de la Rendija y su motivación para continuar trabajando en pos del arte escénico más íntimo.
Por su parte, la actriz Silvia Káter (Argentina/México) abundó sobre la formación de públicos y de grupos teatrales. Mencionó que algo que le llamó la atención en una visita a Buenos Aires le sorprendió que en los grandes teatros hubiera funciones a la gorra. Lo cual la llevó a la reflexión de que el teatro debe y tiene que realizarse a como de lugar.
Vignola agregó a este respecto que en las funciones a la gorra en Buenos Aires las salas se encontraban llenas y ganaban hasta cuatro veces más. “Son contradicciones que existen entre las formas de valorar un espectáculo por parte del público”. Terminó diciendo que él ha vivido del teatro callejero en muchas ocasiones, pero para hacerlo eso tiene que ser aprendido en la misma calle.
Finalmente, Nelson Cepeda (Uruguay) cerró la mesa comentando acerca de su montaje de “Nuestra señora de las nubes”, original de Arístides Vargas, y de ciertos incidentes que ocurrieron a lo largo de la producción que lo obligaron a replantearse todo desde el principio. Habló de los vasos comunicantes entre la obra dirigida por él y el teatro que se realiza en Latinoamérica, al menos en cuanto a la temática, el proceso escénico y la dramaturgia.
La tercera jornada concluyó con dos muestras, la mencionada líneas arriba que fue dirigida por Nelson Cepeda y el monólogo presentado por Gustavo Bendersky bajo la dirección de Ignacio Koonstra titulado “Campanas de palo”, inspirado en los libros “Don Segundo Sombra” y “Martín Fierro”, donde a través de varios relatos se construye la figura de la pampa y del gaucho argentino. Su actuación fue intensa y descarnada, remarcando en su corporalidad la cualidad telúrica presente de forma literaria y vivencial por el gaucho, personaje fundamental en la fisonomía de tipos latinoamericanos, en donde más allá de encerrarse en uno mismo y en la realidad que compartimos en el continente, se trata de salir, de ir afuera en la búsqueda de la vida y de nuestra propia identidad americanista