Cuando cumplí 33 años me quise dar a mí mismo un regalo por ese importante aniversario en la vida de todo varón. El regalo consistiría en la grabación de un disco de poemas y declamaciones. Siempre había tenido ganas de realizar un proyecto de esa naturaleza. Estando en casa de un amigo muy aficionado a coleccionar discos, encontramos el disco de Mi Cristo roto en la voz de José Antonio Cossío. El disco me encantó, tanto por su fondo como por su forma y empecé a investigar al respecto. Inmediatamente supe que tenía el potencial de convertirse en algo grande. Tiempo después conseguí el libro original Mi Cristo roto y su continuación Mi Cristo roto de casa en casa. Con lo que seleccioné de ambos libros hubo material suficiente para crear un espectáculo como siempre lo había soñado. Empecé a trabajar en la adaptación, y sentí que Dios me animaba a que compartiera con el público de una forma teatral y artística el mensaje que de él emana.
Unos meses después el padre Juan Rivas, L.C. me dio la oportunidad de declamar una versión corta de Mi Cristo roto en una feria católica y allí comprobé que el impacto del texto en vivo era mucho mayor que el de tan sólo escucharlo en una grabación. Poco a poco la declamación se fue convirtiendo en una teatralización en toda la extensión de la palabra, y la inclusión de una pantalla con cientos de imágenes proyectadas en ella potencializó aún más el significado del texto, convirtiéndolo así en un espectáculo lleno de creatividad y profundidad.
Ya con todo terminado fue cuando el padre José de Jesús Aguilar, sacristán mayor de la catedral metropolitana de la ciudad de México, me dio la oportunidad de presentar la obra en la catedral.
El proyecto ha crecido enormemente y ha llegado a alturas que sobrepasan mis expectativas iniciales, y es que Dios no te revela todo lo que quiere que tú hagas desde un principio, tal vez porque si te muestra todo su plan de una sola vez, es probable que más que inspiración, te provoque miedo. Hoy en día presento Mi Cristo roto también en inglés, cosa que nunca imaginé.
Mi familia y mi matrimonio han recibido grandes bendiciones desde que inicié este proyecto. Me siento más cerca de Dios que nunca en mi vida. Agradezco todos los días a Dios el haber sembrado en mí el compromiso de interpretar Mi Cristo roto . Lo considero un privilegio y una responsabilidad.
A través de este espectáculo pongo el talento que Dios me dio a su servicio.
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Agradezco todos los días a Dios el haber sembrado en mi el compromiso de interpretar "Mi Cristo Roto".
EL ESPECTÁCULO
Mi Cristo roto es una obra de teatro representada por un solo actor, el reconocido actor mexicano, Alberto Mayagoitia. Esta obra puede ser presentada casi en cualquier foro, porque el actor sólo requiere del apoyo de un técnico de luz y sonido y muy pocos recursos escenográficos.
La obra de teatro ha sido adaptada y producida por el propio Alberto Mayagoitia, el cual cuenta con casi 25 años de carrera artística en televisión y teatro.
La adaptación teatral parte de dos libros escritos por el padre Ramón Cué, S.J. derivados de sus aprendizajes y aventuras con el Cristo roto, pieza que le compró a un anticuario en Sevilla. Alberto Mayagoitia encarna al propio padre Ramón, y la obra se desarrolla en la oficina del sacerdote durante los momentos en que escribe los libros.
La temporada inaugural de Mi Cristo roto tuvo una permanencia de seis meses. Se presentó todos los viernes en el Altar del Perdón de la Catedral Metropolitana de la ciudad de México. Durante esta temporada, Alberto Mayagoitia hizo gala de su experiencia y de su gran talento interpretativo. Lo que inició como una corta temporada, durante la cuaresma del 2003, se convirtió en una gira internacional que abarcó todo el 2003 y gran parte del 2004.
Mi Cristo roto constituye una experiencia reflexiva maravillosa. Deja sembrados en los corazones de quienes la viven, sentimientos como el perdón, el amor al prójimo y la solidaridad. Nos enseña cómo hacer más llevadera la cruz que todos cargamos. El impacto que la actuación de Alberto Mayagoitia causa en el público trasciende todas las áreas de la vida del espectador.
MI CRISTO ROTO, UNA GRAN PARÁBOLA
La historia comienza en una tienda de antigüedades en Sevilla, donde el padre Ramón regatea el precio de un Cristo de madera que luce muy deteriorado. A la imagen le falta la cruz, también media pierna, un brazo y el rostro; ya que aparentemente fue profanada durante la guerra civil española. No obstante, es una fina obra de arte que merece ser restaurada. Aquí empieza el diálogo que se desarrollará durante toda la obra. Ya en casa, el padre Ramón se sorprende cuando el Cristo le prohíbe que lo restaure. El Cristo roto prefiere no ser restaurado, porque desea que veamos en su rostro el rostro de todos nuestros hermanos: los Cristos rotos vivos y sufrientes. A lo largo de la obra se profundiza en esta gran parábola. Ambos personajes nos demuestran las posibilidades del ser humano, como hijos de Dios, para servir y restaurar a nuestros hermanos en lo físico y en lo espiritual.
El diálogo entre el protagonista y el Cristo roto nos va entregando invaluables lecciones llenas de sabiduría y esperanza. Descubrimos que estamos acostumbrados a ver la cruz, aunque pocas veces recordamos lo que verdaderamente significa. El Cristo roto no tiene cruz, y nos invita a que le entreguemos la nuestra; tal vez para ayudarnos a cargarla. Al final de la obra, Cristo explica cómo fue morir en la cruz.
Si desea escuchar algunos fragmentos de la obra Mi Cristo roto , haga clic aquí.
LA ADAPTACIÓN PARA EL TEATRO
Mi Cristo roto se ha convertido en un clásico de la literatura religiosa contemporánea, ya que el contenido se ha mantenido vigente y ha demostrado su valor transcurridos 40 años de su primera publicación. La representación teatral impacta a las nuevas generaciones que no conocieron el disco de Mi Cristo roto , grabado y puesto a la venta en los años 60. Su riqueza de contenido lo hace igualmente interesante, tanto al leerlo como al escucharlo en grabación. Sin embargo, representado en vivo es particularmente conmovedor. Desde el punto de vista del público, es fascinante ver cómo el actor sube al escenario a contar la historia del día en que adquirió el Cristo roto; y cómo, poco a poco, el texto y la voz nos van envolviendo, hasta que sin querer nos encontramos en medio de la historia: lo que primero fue un relato se transforma en la representación de nuestro Señor Jesucristo durante su pasión y muerte en la cruz.
LA FUERZA DE LA PALABRA TEATRALIZADA
El espectáculo unipersonal es uno de los retos más grandes e interesantes a los que un actor se puede someter. La capacidad del artista se pone a prueba al mantener la expectativa del público durante toda la obra. Alberto Mayagoitia actúa extraordinariamente. Imprime en cada interpretación su muy particular estilo, y nos hace vibrar con su voz rica en matices y con su impecable dicción.
La inclusión de una pantalla y la proyección de más de 500 transparencias hacen de Mi Cristo roto un espectáculo completo, en el cual Mayagoitia interpreta a diferentes personajes.
Mi Cristo roto nos lleva a enfrentarnos con nosotros mismos. El espectador encontrará muchas respuestas a su forma personal de demostrar su fe y su devoción a Dios, y también se sensibilizará al visualizar el rostro de Cristo en todos sus hermanos.
Las iglesias e instituciones que han organizado alguna presentación de Mi Cristo roto han coincidido en comentar que, en los últimos años, se ha menospreciado el extraordinario poder del teatro como elemento evangelizador. El hecho de que Mi Cristo roto sea representado por un actor profesional, un creyente comprometido, lo hace doblemente poderoso.
Alberto Mayagoitia, con casi 25 años de experiencia como actor, logra una actuación extraordinaria, se entrega en cuerpo y alma a la función y él mismo supervisa cada detalle de iluminación y sonido.
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