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CONTRA EL MONUMENTO A LOS MONTEJO



Contra el Monumento a los Montejo


Por Jorge Cortés Ancona

FUENTE: Por esto!.
Lunes 28 de septiembre de 2009


Las autoridades municipales de Mérida tienen la intención de levantar un monumento a dos de los tres Franciscos de Montejo (el Adelantado y el Mozo), en el inicio del Paseo que lleva el nombre de dichos conquistadores españoles. El proyecto de dicho monumento corresponde al escultor Reynaldo Bolio “Pacheli” y el asesor histórico es Juan Francisco Peón Ancona, cronista de esta ciudad de Mérida.

No es la primera vez que se presenta un proyecto semejante. Hace unos diez años, cuando Xavier Abreu Sierra era alcalde, el también escultor Gabriel Santos Padrón había realizado cuando menos un par de proyectos relativos al tema de los Montejo, sin embargo por una prudente decisión político-administrativa que consideramos correcta no se llevaron a cabo, a pesar de sus valores estéticos. Los diseños en papel y una maqueta de esos proyectos fueron expuestos tiempo después en el local original de la Galería Aro, allá en la calle 62.

En Mérida hay un culto excesivo a Francisco de Montejo, que es como la Trinidad, uno y tres a la vez. El Paseo más famoso, un trío, tres hoteles, una marca de cerveza, varias escuelas, bares y asociaciones y, para colmo, el fraccionamiento más grande de Mérida (qué gol nos metieron ahí). En Mérida parece que se adora a los Montejo, mientras que en el centro del país nada lleva el nombre de Hernán Cortés (salvo los edificios relacionados directamente con su vida), ni en Jalisco o Guanajuato existe algo que lleve el nombre del salvaje conquistador Nuño de Guzmán, ni en general creo que, en el resto del país, se rinda culto a ningún otro militar español del siglo XVI. Nada justifica que se les rinda algún tipo de tributo.

A principios de esta década se presentó una novela titulada “Invasores del paraíso”, del escritor guanajuatense Herminio Martínez, la cual trataba acerca de la conquista realizada por los tres Montejo. Esa presentación corrió a cargo del Ayuntamiento de Mérida, de ese entonces, y quienes la organizaron seguramente no se habían tomado el trabajo de leer la novela, ya que la imagen de dichos militares no era nada favorable para fines de su exaltación.

Se les presenta en esa obra como lo que realmente fueron: tipos pendencieros, jugadores, mujeriegos, sin idea de patria ni religión. Bravos guerreros, ávidos de riqueza, sin mayores intereses que su egoísmo. En la novela se llegaba a mencionar que el Adelantado no quería que entre sus tropas españolas hubiera faldas de ningún tipo: ni femeninas ni de frailes o sacerdotes. Su vida transcurría en pelear, jugar dados o naipes y gozar de las mujeres mayas. Eran valientes, sí, pero sin pasta de auténticos héroes.

Su mérito es haber conquistado –una conquista incompleta hasta hoy— esta Península y haber fundado ciudades como Campeche, Mérida (por el Mozo) y Valladolid (por el Sobrino). Por lo demás ahí se yergue, frente a la Plaza Grande, la agresiva portada plateresca de la casa más antigua de esta ciudad, propiedad del Adelantado y ya, muy transformada y fraccionada, respecto a su construcción original.

¿Para qué queremos más de los Montejo? ¿Qué significado tiene en estos tiempos, cuando la cultura maya yucateca tiene un despliegue mayor del que le había sido posible demostrar en siglos anteriores? Hoy, cuando admiramos una boyante literatura en lengua maya; cuando conocemos más acerca del esplendor milenario y vivo de esta civilización; cuando nos sorprendemos de su firme persistencia y sus asimilaciones culturales en los siglos de represión; cuando vemos una pujante fuerza para ocupar espacios sociales, políticos e intelectuales.

Es pobre y bastante denigrante el modo como se manifiesta la memoria histórica meridana acerca de Nachi Cocom, de Jacinto Canek, de los héroes de la Guerra de Castas, de los héroes mayas, obreros y campesinos de la época revolucionaria. De los no siempre tan visibles luchadores sociales de tiempos más recientes.

Por eso, un monumento a los Montejo en estos tiempos es un insulto al pueblo y a nuestra Historia, una acción política agresiva y contraproducente en los tiempos que corren. Más vale erigir un monumento a Nachi Cocom o a la antigua Th’o. O bien, presentar imágenes de Salvador Alvarado en lugares más visibles y concurridos. Pero no rememorar a dos pendencieros que no buscaban más que su fortuna personal y que fueron partícipes de un genocidio que sólo, en el territorio que ocupa el México actual, causó la muerte de millones de personas.

Tengo conciencia de mi mestizaje y me interesa mi herencia cultural española: la estudio en lo posible, la disfruto en lo que me parece relevante, me enorgullece en lo que me parece digno. Pero no veo nada de dignidad en los Montejo. Por favor, no te prestes a ese proyecto, Pacheli, no desmerezcas del brillante trabajo que has venido realizando como escultor y como transmisor de nuestra Historia y nuestra Cultura.



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