MONICA ARCEO Y ALBERTO TORRES. FOTOGRAFIA: LUIS ANDRADE
PABLO MERCADER. FOTOGRAFIA: LUIS ANDRADE
CICELY VALLEJOS Y CHRISTOPHER EL LOBO. FOTOGRAFIA: LUIS ANDRADE
Me puedo morir tranquilo
2009-08-31
Víctor Salas
Mérida me ha hecho, inevitable, transgresor. Desde 1980 a la fecha, mi trabajo teatral no se ha detenido en la ruta de la transgresión, ya que él y ella forman parte de la propia dinámica citadina, urbana y social.
Ese sentido vital lo he adquirido por la naturaleza misma de la ciudad en la que he nacido, vivido y me he desarrollado: Mérida, que ofrece de todo para todos. También en el renglón del mercado del pecado y el placer.
Para 2009, la capital de nuestro Estado tiene establecimientos que ofertan hombres para hombres, de mujeres para hombres, de mujeres para mujeres, personas para la sexualidad colectiva y personas como compañía durante la soledad nocturna.
No se escabullen aquí la oferta de placeres con travestis y transexuales.
Conocedor de esa realidad, durante algunos años (por lo menos cinco) me di a la tarea de frecuentar bares de table dance, Tubo, baños en espuma, streapers y prostíbulos tipo disco, donde la oscuridad se convierte en la ocasión inmejorable para el arrebato pecaminoso.
Después de mucho andar por esos lares, por mi mente comenzaron a pasar imágenes artísticas de todo lo visto en esos lugares. Llegó el título: “Tentaciones Tango”, surgido de tentaciones que tengo por pecar, mirar, participar, agarrar o comprar. En el título se encontraba el estilo musical. Tenía que ser tanguero el acompañamiento. Ese estilo de danza no es el mío. Esa realidad era un impedimento para llevar a cabo ese espectáculo.
Se me dio la oportunidad de proponérselo a Víctor Cervantes, mexicano tanguero triunfador en Estados Unidos. Suave y discreto, le pedí un curso de tango.
Finalmente un día llegó y le expuse la idea. Le gustó e inició el trabajo.
Por mi parte, me di a la tarea de ir en camino de los trámites burocráticos para ese evento. Mi sorpresa fue mayúscula cuando amigos míos se opusieron a tal trabajo porque les parecía imprudente para un colectivo artístico oficial: la Compañía Estatal de Danza Clásica. Se me propuso cambiar el nombre a la obra, darle una dimensión romántica, sutil, que “no ofendiera a la sociedad”. Hubo la sugerencia de tomar la temática de los conceptos bíblicos de la manzana. El caso es que se pospuso el estreno. Tomé la decisión de hacerlo por encima de todo, aunque le cambiaran el nombre. Finalmente le titularon Tentaciones.
Lo curioso de aquellas opiniones es que vinieron de funcionarios que cuando fueron jóvenes, transgredieron valores sociales. Hoy, entrados en la tercera edad, se escandalizan de propuestas novedosas e impostergables. Desde mi punto de vista, las calles de Mérida, sus parques, plazas, teatros, bares, restaurantes, centros comerciales, mercados o escuelas de lo que fueran, están llenas de maricones, vestidas, gays, mayates, prostitutos, lesbianas y demás espectros de la diversidad sexual. Esa es una realidad atendida desde muchos puntos de vista. El arte, la danza, no podía dejar de reflejar esa realidad.
Víctor Cervantes concluye su trabajo coreográfico de una manera muy plástica, creando una danza psicológica de intima propiedad. Las escenas más duras, un streaper y una espectadora, se diluyen en la voz e imagen de un travesti elegantemente vestido y con un micrófono de los años cincuentas y sesentas, interpretando una canción en francés. En esa misma vertiente va una escena de amor en un sofá, resuelta de manera semejante a la anterior. ¿Cuál es el logro de una danza psicológica? Que todo aquello puede estar solamente en la mente de quien interpreta la canción o de quien observa la escena. Es decir, puede ser real o figurado.
En estas escenas tuvieron una intervención sensacional el travesti Valeria, el streaper Chistopher, el actor Alberto Torres, y las bailarinas Mónica Arceo y Cicely Vallejos, quienes rompieron barreras personales para hacer una interpretación de factura altamente profesional.
El espectáculo se inicia con una danza eminentemente gay. Dos hombres danzan su sentir a la cita de amor. Todo se diluye y queda ambiguo con la aparición de una dama con la que se va uno de los intérpretes.
Acto seguido, piano y voz. Emilio Bueno y Ricardo Platas, éste último, portentosa presencia escénica que se eleva aún más con la cualidad y calidad de una voz potente, hábil, dúctil y deseosa de transmitir experiencias nuevas, de estar cercana al público y de una manera frecuente. Ricardo Platas tiene para las tablas escénicas o para las pantallas de cristal una serie de cualidades que le ayudarán a caminar, positivamente, en el terreno del canto popular.
Víctor Cervantes bailó. Demostró porqué hizo carrera exitosa como tanguero en Estados Unidos. Lo hizo junto a Montserrat Castellanos, bailarina decidida y resuelta a todo en los escenarios, definida por sus trazos musicales precisos, sus desplazamientos casi audaces a la hora de la danza y por conseguir siempre, enorme empatía con los espectadores.
Magnifico trabajo hicieron Tatiana Arcila y César Pérez en un tango lontano, virtuoso y núbil, sin congojas, remontado el espacio de manera frecuente. Ellos fueron uno de los momentos álgidos de la función.
No hay nada más bello que mirar la transformación de las bailarinas de ballet, en ejecutantes de danzas populares. Sus cuellos, largos, piernas torneadas, su elegante andar, sus braceos hermosos hacen de esas danzas una expresión de belleza distinta. Esas fueron las proyecciones de Mabel Pavía, Lizeth Ruiz y Olga Vokhmina.
Esta función contó con el debut en el elenco de la CDCY, de Jimena González, nieta e hija de personajes apegados a la danza. Por ella fluye el pacto con la danza.
Pablo Mercader da una interpretación de tono exacto al trabajo, provocando una interpretación correcta de todo el espectáculo. En muchos sentidos él es el conductor y su conducción siempre tiene algo de ocurrente, divertida, gozosa y graciosa. Pablo es el artista competente en cada aparición.
Fanny Ortiz es una bailarina que se cuece aparte. Su nivel de entrega a la danza, su disciplina con el trabajo del cuerpo, la manera con que se involucra en la tarea que se le encomienda es plausible y ponderable. Con estos rasgos hace unas danzas plenas, sin dubitaciones y entregada a la temática. Ella consuma el amor sáfico con Arathy Fernández, disciplinada en jazz, pero con una capacidad persuasiva fenomenal. La danza de Arati es suave, como la de una salamandra al acecho de la distancia, la observante de la presa que no manifiesta prisa por tomar aquello que desea. Es una artista de disciplina arraigada, de aguda inteligencia a la hora de abarcar todo lo referente a sus movimientos, a sus búsquedas con la pareja, con la otra mujer.
Tentaciones Tango”, titulo original del espectáculo presentado en el Peón Contreras el sábado 29 y el domingo 30 de agosto, contó con la aprobación del público, el cual al final de la función brindó bravos y prolongada ovación a todos los ejecutantes.