Por Jorge Cortés Ancona
Un poco a toro pasado, pero con la esperanza de que sean repuestas en el 2010, me referiré a dos obras teatrales que se pusieron en escena este fin de año, durante el Festival Anual de las Artes.
La primera es Malas palabras, de Perla Szuchmacher, dirigida por Oscar López con la actuación de Luz Elena Cortés. En este monólogo, presentado en la Casa de la Cultura del ICY, se trata el tema de la adopción, asunto que ha aparecido de manera frecuente a lo largo de la historia literaria pero que ha sido poco estudiado, e incluso, poco notado.
Un tema que creemos debería ser puesto de relieve en su condición de hecho social de múltiples aristas.
En esta puesta en escena la actriz representa con soltura el monólogo, apoyándose en muñecos de guante y una escenografía en la que sobresale un enorme libro con ilustraciones y palabras a mano. Luz Elena (a quien no recuerdo haber visto actuar antes, al menos en un papel protagónico) sabe emplear sus recursos gestuales y corporales de manera eficaz, controlada, acorde a las sensaciones y actitudes que está encarnando. Es la niña Flor que afecta a los diccionarios, es Pelos y Benítez, e incluso sus padres, es decir las varias voces que conforman su entorno familiar y emotivo.
Con sentido del humor, ternura e imaginación, esta obra breve deja una sensación agradable. Todo en ella se siente muy natural y logra, sin problemas, desatar la reflexión acerca de lo que siente un niño adoptado al saber la verdad de su condición, ocultada tanto tiempo, y acerca de su conciencia en la relación con sus padres: el niño, ante esas palabras que deben decirse y que se callan, las verdaderas malas palabras.
Fue un acierto de Oscar López haber seleccionado este texto, sobre todo por tratarse de un tema que sorprendentemente es tabú en cuanto a su expresión pública y que constituye una situación más general de lo que creemos. Con este montaje accesible por igual a niños y adultos, se cumple la finalidad de hacernos ver este hecho social en buena parte de lo que implica.
La otra obra a comentar es Autopsia a un copo de nieve, de Luis Santillán, dirigida por Francisco Solís y con las actuaciones de Alejandra Argoytia, Berenice Pérez y Desiré Salazar. El tema de esta pieza, a cargo de la compañía Teatro del Sueño y presentada en el Teatro “Daniel Ayala” del ICY, es la soledad de una niña, relegada por su madre a quien atormentan asuntos más triviales y que le presta más atención a la hermana mayor.
Toda la obra transcurre en el baño, lleno de los cosméticos, fármacos e implementos que se emplean para una obsesiva salud del cuerpo. El baño como lugar de intimidad, de privacidad máxima en la higiene física y de desahogo individual. Catalina, la madre, y Natalikova, la hija mayor, andan siempre con ropa interior, como efecto del proceso diario de transformación a través de la ropa, ya sea en su etapa inicial o al final de la jornada. Simbólicamente, vemos la enajenación a la que conduce ese culto de uno mismo, meramente corporal, cosmético, narcisista, superficial. Y las tremendas dificultades de la comunicación que de ello emanan.
Por los comentarios leídos y escuchados sé que el estreno mostró algunos titubeos, aunque la impresión general fue favorable. Pero como asistí a la segunda función, que supongo resultó más relajada, me pareció que la obra fluyó a buen ritmo, con una adecuada interpretación de las tres actrices.
Alejandra Argoytia encarnó muy bien la indiferencia y fastidio de ser una madre egoísta y ambigua en su propia autoestima; Berenice Pérez representó con soltura a la joven que hace advertencias a su madre y que manifiesta una blanda solidaridad con su hermanita, a la vez que Desiré Salazar, como Nicoleta, fue convincente en la actitud de niña rechazada y relegada por su familia, que trata de salvarse mediante una imaginación que sucumbe ante la realidad.
La escenografía, a cargo de Manuel Araiza, capta la atención de inmediato y produce un efecto acorde a la obra en cuanto a representar un espacio demasiado amplio y a la vez oprimente, plenamente representativo de todo lo que sucede en un baño, incluyendo el encerramiento evasivo y tantas veces fatídico.
Las dos obras dejan ver una dramaturgia mexicana boyante y un buen nivel teatral en Yucatán.
Por esto!, 29 de diciembre de 2009.

