No sólo Mozart o Beethoven
Una orquesta debe interpretar todo tipo de música
NUEVA YORK (Por María Cecilia Peón, para “Diario de Yucatán”).— “Sí, entra por aquí”, dice Rubén, un mexicano que espera afuera de la puerta de los artistas del Avery Fisher Hall. “Todos o casi todos entran por aquí”.
Su certeza me tranquiliza y su presencia me ofrece compañía. El concierto de la Orquesta Filarmónica de Nueva York es a las 2 de la tarde del sábado 28 de noviembre y falta más de una hora para que comience, bajo la dirección de Riccardo Muti.
Llega un hombre de aspecto europeo y explica que hace la crónica para el periódico ítalo-americano “Oggi America”. “Muti sempre entra aquí. Lo conozco desde hace muchos años y cuando lo quiero ver vengo aquí, a la puerta de los artistas. Así, quedamos en vernos en Italia si coincidimos, pues como él yo también soy meridional”.
El tiempo pasa y el maestro no llega. Franco Corsaro dice: “Es italiano, no se apura en llegar; además, sólo va a dirigir la segunda parte”. De pronto, un automóvil se detiene y baja Muti, partitura en mano. Rubén se le acerca y le da sus programas para autografiar.
Al ver que no se dirige a mí, le digo: “Maestro, ¿podría autografiarme el artículo que escribí sobre usted? (publicado el 22 de noviembre pasado en el Diario sobre la solicitud para entrevistarlo en una carta que le entregué en el Orchestra Hall, en Chicago)”. Muti deja la pluma y me dirige una mirada incrédula. En medio de mi asombro, me quita el sombrero: “No te reconocí por el sombrero”, me dice en italiano. “¿Has escrito el artículo sin la entrevista? ¿Y qué dice?”.
Después de autografiarlo, se acerca afectuosamente y me da un abrazo. “Como vives en Chicago, ahí nos vamos a ver...”. Le pregunto por la entrevista, le digo que en México están esperándola. Me dice que después del concierto debe irse pero lo haríamos de manera fácil, que llame al día siguiente a su hotel a las 10:30 a.m. y asunto arreglado.
Al final del concierto regreso a encontrarme con el maestro para ofrecerle el libro sobre el Teatro Peón Contreras con una dedicatoria en la que le expreso el deseo de que algún día dirija en nuestro recinto musical. Ante nuevo asombro, y entre prisas, Muti pregunta qué me ha pasado en el ojo (tengo un derrame). Al día siguiente, a las 10:20, previniendo cualquier problema con los celulares, me ubico en el lobby del hotel. Así, si algo pasa, puedo llamar desde el teléfono del mismo. Muti dice que sólo cuenta con 10 minutos... Recomendación Nino Rota, quien es conocido entre otras cosas por la música que escribió para películas de Federico Fellini, y otros compositores a los que Muti conoció de joven le indicaron que debía continuar con seriedad en la música pues tenía un gran talento. El maestro nunca se vio así, reconoce, y sólo después de un tiempo decidió que debía creer a los que sabían más que él.
Se ve a sí mismo, añade, como alguien sencillo, a pesar de que lo consideran “sofisticado”, lo que, de ser cierto, se debe más que nada a su cultura general. Alguien ajeno al “mundo prestablecido” de la música, Muti fue haciendo carrera de manera inesperada; las orquestas comenzaron a solicitar su colaboración sin que intervinieran grandes agentes o empresarios.
En algunos aspectos se siente solo. Después de ser director musical (hasta 2005) de La Scala de Milán no deseaba puestos fijos de director, incluso había recibido ofertas de la Sinfónica de Nueva York que había rechazado —lo que despertó sinsabores entre los neoyorquinos—, pero al entrar en contacto con la Orquesta Sinfónica de Chicago cambió de opinión (la agrupación lo nombró en 2008 director titular, cargo que se hará efectivo en la temporada 2010-2011).
Al preguntarle qué repertorio sugiere para una orquesta como la Sinfónica de Yucatán, relativamente nueva, Muti responde que todo debe entrar en su programa, desde música barroca hasta contemporánea, pasando por la romántica; no se debe pensar que sólo Mozart o Beethoven tienen cabida en él.
Respecto a los compositores modernos, afirma que no se puede detener el curso de la historia y está en manos de los músicos y las orquestas dar a conocer a los nuevos autores.
Corazón de ópera A Riccardo Muti se le conoce no sólo por haber dirigido a las mejores orquestas del mundo y estado en los principales festivales de música y salas de conciertos —Salzburgo, el Covent Garden...—, sino también por su versatilidad, que va de la música sinfónica a la ópera. En alguien así, ¿cuál es su principal inclinación? El maestro, de 68 años, explica que como italiano “el mundo de la ópera y el teatro están en nuestra sangre” y recuerda que Arturo Toscanini, Gustav Mahler, Carlo María Giulini y Herbert von Karajan se foguearon en el mundo operístico, lleno de complejidad y sofisticación, que no puede ser asimilado a la ligera o en poco tiempo.
Se siente preocupado de que directores jóvenes, sin la experiencia adecuada, dirijan ópera. Hasta él han llegado quejas de cantantes que aseguran que en esas circunstancias es muy difícil aprender algo nuevo. Muti indica que es momento de dejar la entrevista: “Devo andare...”, pero antes de despedirse hace hincapié en el hecho de que dirigió en la ciudad de México a la Sinfónica de Filadelfia y su fascinación por la cultura mexicana, en especial la musical.