Tras el abandono de las autoridades, el Centro de Formación y Promoción de Danza Clásica de Jalisco se mantiene en pie gracias a clases particulares y la ayuda de la iniciativa privada ZAPOPAN.— El Centro de Formación y Promoción de Danza Clásica de Jalisco A.C. nació con la idea de ser el primer espacio de grandes alcances destinado a esa disciplina en ese estado, fue apoyado por el entonces presidente de la República, Vicente Fox, y por la ex presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Sari Bermúdez; cuando se presentó el proyecto general, la funcionaria cultural dejó de contestar las llamadas y dejó a su promotor, el maestro Héctor Hernández, en el abandono. Hoy, el Centro está instalado en casa de Hernández, y los triunfadores Isaac y Esteban Hernández, sus hijos, son la mejor carta de presentación de esta escuela que sobrevive sin subsidios; el primero es miembro del Ballet de San Francisco, en donde ha obtenido papeles como solista, y el segundo es, hasta ahora, el único mexicano que estudia en el Royal Ballet de Londres, una de las más prestigiosas escuelas del mundo. Sentado en una banca de madera, el maestro Héctor Hernández hace cuentas en su memoria. “Cuando la carrera de Isaac empezó a ser cada vez más seria, tuvimos que salir del jardín y construir un salón en donde también estudió Esteban. Comenzamos a dar clases a más muchachos, así que llevamos 11 años ya con este lugar, qué desperdicio, ¿verdad?”, dice. Los alumnos que están a su alrededor ríen, uno le recuerda que no festejó la primera década de vida. “Festejaremos cuando tengamos todos los apoyos, cuando logremos consolidarnos, por ahora no hay nada que celebrar, sólo seguir trabajando intensamente”, comenta el maestro con seriedad y las risas se apagan. El Centro se mantiene en pie gracias a las clases particulares que brindan y a los apoyos que han logrado obtener de la iniciativa privada en casos como la invitación que se les hace a maestros internacionales para dar clases durante el verano. Desde su creación ha visto danzar a poco menos de 100 alumnos. “A las autoridades les explicamos que era necesario descentralizar la educación del ballet y que por eso se debía crear una escuela en Jalisco. Luego de muchas conversaciones, el Conaculta estuvo de acuerdo y se decidió que nos ayudarían en la creación del Centro, como así lo bautizaron ellos. Presenté un proyecto importante, me dijeron que tenía que buscar un edificio y lo hice. Todo estaba armado, los busqué muchas veces para preguntarles qué más necesitaban para empezar, pero no volvieron a atenderme. Después de un tiempo me dijeron que definitivamente no había dinero y todo terminó”. Hernández, quien estudió en la escuela de Rebekah Harkness gracias a una beca que obtuvo mediante el ruso Rudolf Nureyev, abandonó muy joven su carrera en el ballet, no así su interés en la formación de bailarines. En Monterrey fundó dos escuelas. “Me formé mayoritariamente en los Estados Unidos pero quise que en México tuviéramos una escuela importante, así que me regresé y fui a Monterrey, donde nos fue muy bien. A la primera audición para un curso de verano acudieron mil 500 personas pero sólo aceptamos a 50”, recuerda. Regresó a los Estados Unidos para continuar con su formación académica, hasta que finalmente se instaló en Jalisco, entidad en la que intentó levantar una compañía, proyecto que finalmente se logró materializar bajo la batuta de otras personas. En 40 años, cuenta, no ha podido sentir la satisfacción de ver construida una academia en la que se formen bailarines de calidad mundial. “Nuestros gobiernos han sido muy incultos e insensibles, no saben ni quieren saber cuáles son las necesidades de los artistas; por eso nosotros no pudimos establecer una escuela verdaderamente productiva que daría por resultado una sociedad más inteligente. No existe un proyecto nacional de cultura, se conforman con hacer festivales, programas de televisión y se olvidan de los que sí queremos crear algo verdaderamente importante”, dice. Dando piruetas Como parte del proyecto académico de Hernández, se conformó en 2005 “Pirouetteando”, un curso internacional que convoca a expertos internacionales, como son los principales pedagogos de la Academia Vaganova de San Petersburgo, para fomentar el desarrollo de jóvenes en la danza clásica. La intención es que los alumnos cuenten con un entrenamiento de la más alta exigencia, al mismo tiempo que se posiciona a Guadalajara como la capital mexicana que impulsa la formación del talento en la danza clásica. La metodología del ballet aplicada por Hernández permite al bailarín (de cualquier técnica dancística) desarrollar sus capacidades al máximo en un periodo mucho menor al tiempo promedio que se lleva estudiar con otros métodos clásicos; además, garantiza la limpieza y perfección técnica que finalmente dan libertad al bailarín para ejecutar cualquier paso con éxito. El costo del curso por cuatro semanas llegó a ser de 8 mil 800 pesos, un precio que, asegura, es bastante bajo. Aunque aún no perfilan el de 2011, Hernández se muestra confiado en continuar con el taller, que además ha fomentado el ballet en el estado, pues al final de la temporada brindan una gala en un teatro de Guadalajara, a las que año con año ha asistido su hijo Esteban, logrando llenos totales de los foros. “He escuchado hasta el cansancio que en México el ballet no tiene público, que la gente cree que es aburrido. La explicación a eso es muy sencilla: es aburrido porque los bailarines no son buenos. Imaginemos que vamos a una función y observamos a un bailarín dando piruetas, haciendo acrobacias, levantando a su compañera con naturalidad y además le creemos que es, digamos, un príncipe. ¡Pues nos fascinara! “Para que me entiendan mejor: ¿Cuáles son los futbolistas que se vuelven figuras mundiales? Los que meten gol y dejan la vida en la cancha. Pues así es en la danza, si nos ponen enfrente a un magnífico bailarín, no podremos resistirnos a la belleza de su arte. Los funcionarios no entienden esto, para ellos es muy fácil sacar sus cifras de cuánta gente va al teatro, ver que no se llena y asumir que entonces no nos gusta; no se ponen a pensar en si los artistas que presentan son mediocres y por tanto necesitan formar a gente realmente invaluable”, sostiene. Las metas Héctor Hernández asegura que los mejores estudiantes que ha tenido en el Centro se fueron a estudiar a países como Alemania y Estados Unidos. A varios pudimos apoyarlos para que consiguieran becas y pudieran irse y aspirar a que entraran a las compañías. Aunque el objetivo no es sólo formar bailarines que puedan aspirar a trabajar en el extranjero, sino convertir a México en la meca del ballet. Un sueño que, dice, no descansa en la utopía. Mis hijos dicen que ahora la situación es difícil, pero que no perdamos la fe, porque llegará el día en que volverán y podremos levantar una gran escuela en donde se formen bailarines con gran talento, que puedan tener un nivel máximo para destacar en el mundo y tener una vida digna. A esto aspiramos como familia y como artistas, dice. A sus alumnos les da un consejo: Les pido que no anhelen la fama, que no piensen en dinero o en grandes compañías, sólo les pido que su única aspiración sea ser un buen bailarín, porque los que son buenos son requeridos en todas partes. En el ballet no se termina nunca, la perfección debe ser siempre el siguiente paso.