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Galina Ulanova

Galina Ulanova

Por: Clarisa Falcón Valerdi

Fuente: www.danzadance.org

Acabo de leer un artículo acerca de una gala que se llevará a cabo el próximo 15 de mayo, en Londres, en honor a la gran bailarina Galina Ulanova. De repente me doy cuenta de que la gran bailarina habría cumplido cien años el año pasado y que ese aniversario se nos ha pasado, no lo celebramos. Galina Ulanova nació en 1910 y murió en 1998, debutó como bailarina en 1928 bailando "Chopiniana" (Las Sílfides) y se retiró en 1960 bailando también "Chopiniana", continuó hasta su muerte, como maestra ensayadora y entrenadora de bailarines en el Teatro Bolshoi.
Cuando yo era estudiante de ballet una de mis maestras, Ana del Castillo (Miss Ana), era ferviente admiradora de Ulanova a quien había visto bailar en Londres, en 1956. Miss Ana siempre nos comunicaba su admiración por el arte de la bailarina, y yo solamente podía contemplarla en fotos porque ya se había retirado y no bailaba más. Más tarde la vería en películas (a veces medio malitas) que el Señor Castillo nos pasaba en la Academia de Ballet de Coyoacán, en el segundo acto del Lago de los Cisnes, en La Fuente de Bakhchisaray y en Romeo y Julieta, y me acuerdo que en ese entonces me gustó mucho su danza, pero mucho más su interpretación.
En diciembre pasado, en la Librería del Sótano, buscando videos de ballet para regalar a mis amigos, me encontré con uno, "The Best of the Bolshoi Ballet" a solo $150.00, por supuesto lo compré y cuando llegué a casa me sorprendí gratamente porque eran presentaciones de Galina Ulanova, Raissa Struchkova, Nikolai Fadeyechev, Ludmila Bogomolova, Alexander Lapauri y cuerpo de baile, filmadas en Londres en 1956. En ese video Galina Ulanova baila en La Muerte del Cisne y en Giselle. Debo confesar que el video fue un regalo para mí.
La interpretación de Ulanova en Giselle me impresionó porque es totalmente diferente a todas las Giselles que he visto en mi vida, Ulanova representa a la joven campesina con una naturalidad que no había visto antes y contrasta con su actuación espiritual en el segundo acto. Su escena de la locura es tan diferente porque es algo muy interno, es un gran dolor por la traición y ella no se despeina, solamente se le mueve por ahí un mechón, pero su dolor es tan grande que uno acaba llorando por su muerte. En esta época en que los roles en el ballet se han estandarizado tanto, ver a la Giselle de Ulanova es muy refrescante y pienso que este video debería ser obligatorio para todas las bailarinas, para motivar su creatividad al ver a una grande haciendo su propia interpretación del personaje y del ballet. En Giselle la acompañaba, como Albrecht, un joven bailarín de 23 años que llegó a ser famoso y muy conocido por ser el partenaire de Maya
Plisetskaya, Nikolai Fadeyechev. La versión de Giselle que se ve en el video es de Leonid Lavrovsky y se le han editado pasajes a los que estamos acostumbrados, lo que no sé es si la edición se hizo para la presentación en vivo o para la película, que se filmó durante la función, pero que de todas formas fue editada, pues se ve que se hicieron muchas tomas con cámaras diferentes.
Siempre que voy a Cuba aprovecho para comprar libros o revistas de ballet. En esta ocasión compré varios y entre ellos el libro "Desde la platea" de Eduardo Heras León. Es un libro que selecciona críticas de ballet que el autor escribió entre 1968 y 2007. En la nota llamada "Y entonces fue la poesía" (pag. 117), el autor relata que en una conversación que sostuvo con Galina Ulanova tuvo el intercambio siguiente: «Mire, de los fragmentos que se han conservado, o que por lo menos yo he visto de su Giselle, tengo la impresión de que su acercamiento al personaje es realista». «Ah, sí, respondió, estrictamente realista: soy una campesinita enamorada, enfermiza, ingenua, que es traicionada y sencillamente muere. En el segundo acto, Albrecht sueña y todo lo que sucede, sucede en su imaginación».
En otro artículo del mismo libro, llamado "Hacer eterno lo efímero" (pag. 132), Eduardo Heras León vuelve a conversar con Galina Ulanova. El autor dice: "Le pregunté por la técnica y por esa tendencia de algunas bailarinas jóvenes de bailar «para la galería», mostrando unos recursos más cercanos a la gimnasia que al arte del ballet. Sonriendo, afirmó: «La técnica es no mostrar la técnica, es decir, el elemento técnico tiene que estar tan total y naturalmente imbricado con la música y la expresividad, que el espectador se olvide de todo lo que no sea el fluir mágico de la danza. La bailarina interpreta un personaje que ama o sufre o es feliz, y cada paso tiene que ayudar a expresar esos sentimientos. Los treinta y dos fouettés del Cisne negro no son para enseñarle al público una proeza técnica –independientemente de que lo sea– sino para acentuar la personalidad diabólica de Odile, ¿me entiende?»".
Lo anterior es solamente una muestra de lo que pensaba Galina Ulanova, recuerdo que en Nueva York, en la biblioteca del Lincoln Center, leí su libro autobiográfico, "The Making of a Ballerina", traducido del ruso por S. Rosenberg en 1950, desafortunadamente no existe una traducción al español y me parece que el libro es muy difícil de conseguir. A mí solamente me quedan algunas notas que hice en esa ocasión.
En occidente se conoció a Galina Ulanova al final de su carrera, se presentó por primera vez en Londres en 1956, a los 46 años de edad. Clive Barnes rememoraba en Dance Magazine de junio de 1998 acerca de lo que escribió en aquella ocasión de la Giselle de Galina: "Ulanova me conmueve tanto como la vida misma. Después de casi veinte años de asistir a obras de teatro, películas, óperas, ballets y escuchar música debo decir que su Giselle, en mi experiencia, es la ejecución más grandiosa que he presenciado en un artista escénico. Su grandeza descansa no en lo que ella hace, sino en lo que ella es. Su danza ha perdido el empuje de la juventud y uno se da cuenta de este hecho con un interés objetivo. Su arte desafía la descripción porque al analizarlo se detracta de su naturalidad. Como Giselle ella nos mostró en su rostro todas las emociones, pero más que en su rostro, en su espíritu. Todo lo que los críticos rusos han escrito acerca de
ella es verdad, la técnica impecable, el cuerpo expresivo, el intelecto, el rostro sincero, todo es verdad y sin embargo, también podría ser verdad en un artista de menor calidad. Ulanova tiene algo que los críticos nunca alcanzarán a definir, algo que uno solamente puede encontrar en los sonetos de Shakespeare".
Clive Barnes también consignó, que Ulanova escribía crítica de ballet y que sus opiniones eran crispantes, tensas y polémicamente, correctas, siempre luchando porque el ballet soviético se modernizara. Para mí es una pena no haberlas leído.


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