El nombre de Eduardo Ortegón, denota una gran influencia y legado en el abstraccionismo.
En las artes visuales encontramos diversos movimientos y tendencias que se simplifican en figuras que han trascendido al panorama mundial del arte. Entre ellas, el nombre de Eduardo Ortegón, denota una gran influencia y legado en el abstraccionismo.
Eduardo Ortegón nació en Mérida en el año 1946;
Fué un artista autodidacta y comienza a exponer en 1981 en la Galería Akil. A partir de ese momento su carrera toma impulso que lo lanza como uno de los mejores representantes del abstraccionismo de Yucatán. Su trabajo se ha expuesto en numerosas muestras colectivas e individuales.
Fue iniciador con otros artistas de la nueva plástica yucateca. Mucho se le debe a Ortegón lo que hoy se vive en dicha rama del arte.
Luchó con garras y pies en los principios de aquel grupo, en contra de un sistema caduco ya. La nueva vertiente, cuyos representados por Gabriel Ramírez Aznar, Ortegón Casares, y su primo Jorge Casares, siempre en plan de conseguir espacios, reivindicación del artista plástico y de los creadores en general.
Muchos manifiestos en contra del enloquecedor centralismo oficialista cultural llevaron su firma. Hombre de personalidad marcadísima pintaba lienzos, madera, o diferentes técnicas.
Expositor en múltiples galerías, ganador de premios y becas, sus cuadros eran muy apreciados por los coleccionistas
Fué ante todo un pintor abstracto. Una parte de su obra muestra una actitud lírica, con los elementos moviéndose en libertad por la tela. En otros buscaba una base geométrica para estabilizar la composición, jugando con el equilibrio y el desequilibrio de los elementos. A veces había sugerencias de la realidad, sin llegar al mimetismo, en especial con temas marinos. Era un pintor de estilo propio, perfectamente reconocible.
Entre los principales reconocimientos a los que se ha hecho acreedor se encuentran:
Estar frente a un cuadro de Eduardo es como quedarse cuadrado frente a Eduardo mismo. Porque en ambos, obra y creador, podemos experimentar una compulsiva necesidad de entrar en fértiles diálogos con el otro o quedarse simplemente perplejos, nunca indiferentes, frente a intensísimos monólogos de variable profundidad. Este arte de la conversación que abrasa abrazando tendría necesariamente que llamarse Artegón: arte cálido, arte compartido, arte amigo. Si Saramago no miente cuando dice que las imágenes miran con los ojos que las miran, entonces Ortegón nos observa atentamente desde el fondo de nuestra pupilas que lo registran y convocan convocando trazos y colores en una tertulia sin fin. Frente al caos de la inspiración, Ortegón busca durante el día con ardiente paciencia el Orden ordenando una cerveza bien helada en tanto la cómplice madrugada lo espera sin prisas y sin reclamos con un sobrio y lúcido pincel para colocarlo en la mano siempre extendida del que crea creyendo, generosa y fraterna como él. La obra de Ortegón nos invita a tomar asiento alrededor de una mesa de amigos a la hora de la celebración del acto puro de ser.
El dia 5 Abril 2011 Se develño un busto con motivo de su 4 Aniversario Luctuóso en el Centro de Artes Visuales de Yucatán y se bautizó al patio como Jardín Ortegón. en su honor.