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ISIDRO AVILA VILLACIS

 

Medio siglo de fotoperiodismo
FUENTE: DIARIO DE YUCATAN

Como si operara su cámara fotográfica dispara flashazos. De pronto, como si descubriera un buen ángulo, se detiene y reflexiona, rememora... y de nuevo centellean las ideas, los recuerdos y las palabras fluyen... En su bregar de 54 años como reportero gráfico, por la lente de Isidro Ávila Villacís ha transcurrido parte de la historia moderna de Yucatán. Ilustrar las innumerables imágenes capturadas a lo largo de su trayectoria en Diario de Yucatán sería una labor titánica. Sin embargo, en el libro “Isidro Ávila. Medio siglo de fotoperiodismo”, tercer volumen de la colección “El valor de lo nuestro” de Grupo Megamedia, se reúne parte del bagaje profesional del decano de la fotografía yucateca.

Como prólogo a la presentación de la obra, pasado mañana viernes, a las 7 de la noche, en la sala audiovisual del Olimpo, Isidro Ávila nos devela algunos de sus pensamientos y sentimientos más profundos. El fotógrafo, al que le gusta la conversación distendida, pero no las entrevistas, accede a compartir algunas reflexiones en donde mejor se mueve, en la Redacción del Diario.

Un buen fotógrafo ¿nace o se hace?
Se hace. Cuando naces no sabes lo que harás en la vida. Conforme adquieres conocimientos de un oficio, de algo que te atrae, lo desarrollas y va naciendo el gusto por ese trabajo. Un buen fotógrafo se hace, pero tiene que tener un guía que le muestre lo elemental y de cada quien depende que descubra y cultive su vocación. Ahora hay escuelas en las que aprenden todo lo relacionado con la fotografía. En mi caso, mi padre (Perfecto Ávila Alpuche), aficionado de hueso colorado a la fotografía, fue quien me inició. Después le tomé gusto y comencé a aprender.

¿Cuáles son las cualidades que debe tener un buen fotógrafo?
Hay que saber de fotografía, tener conocimientos básicos. Se puede aprender en un libro, con un maestro, y como decían los antiguos cartuchos de películas después de la explicación técnica: “Haga usted pruebas de exposición”. Practicando, haciendo pruebas, ver si las fotos salen sobreexpuestas, buscando la abertura... ahí está la clave para desarrollarse. Además, como en cualquier profesión, el fotógrafo debe ser respetuoso —sobre todo con los niños—, honesto, puntual y tener paciencia; si no tiene paciencia nunca será un buen fotógrafo.

El trabajo del fotógrafo ¿es bien valorado en el periodismo?
Considero que sí. Es verdad que uno sale a trabajar y toma no una, sino 10 fotos, y tal vez sólo una se publica. Con una fotografía que aparezca publicada ya se valora nuestro trabajo. Es una satisfacción ver publicada una foto tuya, es un aliciente que aparezca tu nombre con el texto de la foto, eso es un motivo de alegría.

¿Cuál es la foto que más le impactó cuando la capturó?
La foto que más valoro, tal vez no será la mejor, pero es la que pudo ser la última foto de mi vida. Es la imagen que tomé desde la cornisa de la bóveda de la Catedral, durante las exequias de cinco sacerdotes (presbíteros José María Casares Ponce, Adalberto Ruiz Quintero, Graciliano Rodríguez Gómez, Xavier Flota García y José Antonio Castro Magaña) que fallecieron en un accidente (en julio de 1994).
En busca de una foto exclusiva me subí al techo de la Catedral, me metí por una angosta ventana al interior de la bóveda y me deslicé por una cornisa. Logré captar la foto. El problema fue para salir de ahí. Mi error fue no ir acompañado, estaba atrapado, no podía darme la vuelta. ¿Y ahora cómo salgo?, me pregunté. Lo que hice fue, de espaldas, impulsarme con todas mis fuerzas hacia atrás. Me ayudó mi instrucción militar y que estoy flaco. A esa imagen la llamó la foto de la imprudencia. Gracias a Dios hoy te lo cuento.

¿Hay alguna fotografía que le gustaría tomar y no ha podido?
Nunca he pensado en alguna foto que me gustaría tomar. Mis fotos han salido en el momento, solitas; sólo hay que tener listo el dedo para disparar porque hay escenas que no se repiten, pero no ando en busca de alguna foto de exposición o para lucirme... me limito a fotos de prensa, que sean noticia, para cumplir con mi trabajo.

¿Alguna anécdota que le marque su trayectoria en la fotografía?
Cuando volé en un globo aeroestático. Se trataba de una campaña de promoción de una compañía refresquera en la que se utilizó un globo aerostático para anunciar una de sus bebidas durante la década de los años sesenta. Me dieron la comisión de tomar fotografías de ese evento. El globo despegó de una explanada en la colonia Santa Rosa. Ahí, Fernando Sarlat Sarlat, encargado de la publicidad de la empresa, me invitó al recorrido. Me comprometió y convenció. Volamos a una altura aproximada de 50 metros y alrededor de 20 minutos por algunas partes de la ciudad. Después de pasar por el Parque de Las Américas el globo comenzó a descender y pensé que aterrizaría en la explanada de Tanlum, donde ahora hay un campo de fútbol. Sin embargo, el viento arrastró el globo a un plantío de henequenales. El piso de la canasta en la que viajábamos se rompió y mis piernas se golpearon contra las pencas. Por suerte el “Chif” Sarlat cerró la salida de gas del globo y no se incendió. Sufrí algunos leves golpes en una pierna, perdí un zapato, pero logré conservar las fotos aéreas que tomé... toda una aventura, ja, ja, ja, ja... Tres consejos que le daría a un joven que quiere ser reportero gráfico Que tenga vocación, que le guste lo que hace. En el Diario tuve la oportunidad de enseñarle a Mario Guillén Chi y a Ramón Celis Perera, porque notaba que les gustaba el trabajo, que tomaban en cuenta las indicaciones. Para aprender se necesita tener disciplina y recordar que los reporteros, los periodistas, tenemos un horario de 24 horas al día, que en cualquier momento te pueden llamar de emergencia y requerir tus servicios. Con dedicación y empeño logras ser algo en la vida, en cualquier trabajo.

Si estuviera con Dios, ¿qué fotografía le gustaría tomarle? No te lo puedo decir hasta que esté con mi cliente. Lo que sí puedo afirmar con orgullo y satisfacción es que estoy bendecido por Dios. En cierta ocasión, durante una plática con varias familias, les decía que en el Diario siempre me han tratado bien, desde que don Carlos (Menéndez González), el fundador, me dio empleo y muchos y buenos consejos y posteriormente con los otros directores. Entonces, me preguntaron qué más le pediría a Dios. Nada tengo que pedirle, les respondí, todo me lo dio en bandeja de plata. Tengo la dicha de tener una esposa comprensiva, que muchas veces se quedó vestida y alborotada por mi trabajo y supo educar a nuestros hijos; una familia unida, buenos hijos y un empleo donde me hacen sentir como de la familia. ¿Qué más le puedo pedir a Dios? Lo tengo todo. Cuando Él me llame para una fotografía veremos en qué podemos servirle.— Carlos Fernando Cámara Gutiérrez



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