Allegra Kent
by Clarisa Falcón Valerdi on Wednesday, February 16, 2011 at 4:38pm
Bailarina del New York City Ballet de 1952 a 1983. Conocí a Allegra Kent en Nueva York, en la clase que tomábamos, durante más o menos un año, con el Maestro Alexander Filipov. Ella siempre se presentaba impecable, como una alumna lista para un examen, con peinado perfecto, leotardo negro de manga larga, mallas rosas, falda de gasa negra a la rodilla y zapatillas de punta; como buena bailarina de Balanchine, hacía toda la clase con zapatillas de punta. Aunque se acababa de retirar, su trabajo en clase era concentrado y discreto, un ejemplo para todos los que estábamos ahí.
He traducido esta entrevista porque me pareció muy interesante. Además del libro que se nombra en esta entrevista, Allegra Kent escribió otro: "The Dancers' Body Book".
Allegra Kent
La bailarina estrella del NYCB recibe un premio y celebra la reedición de su libro.
Por Gia Kourlas
Time Out New York
2 de noviembre de 2009
Allegra Kent comienza su brillante autobiografía, Once a Dancer…, con estas proféticas palabras: "Cuando era niña, yo sabía que poseía algo maravilloso: mi cuerpo; era pequeño y rápido, y yo vivía dentro de él". Este mes, Kent, bailarina del New York City Ballet por más de 30 años, celebra un par triunfos. El primero consiste en la reedición de sus encantadoras memorias, y el segundo, la entrega, el lunes 9, del Dance Magazine Award. En la función que se llevará a cabo en el Florence Gould Hall, Janie Taylor del NYCB bailará el papel que Kent creó en "The Unanswered Question" (La pregunta sin respuesta), donde la bailarina se mantiene en alto y nunca toca el piso con los pies. Entrevistar a Kent es como tratar de atrapar a una mariposa, sin tener una red, realmente no se ha retirado como bailarina, porque ahora baila con las palabras.
Para la función que en su honor organizó la revista Dance Magazine, usted solicitó que la bailarina Janie Taylor bailara "The Unanswered Question" del ballet Ivesiana ¿Por qué lo hizo?
Porque ella ya la ha bailado antes y además porque ella es muy hermosa. Es una pieza que no se baila muy a menudo, pero es la primera que Balanchine compuso para mí. El ballet Ivesiana era poco común porque se trata acerca de lo inalcanzable o de una figura metafísica, aunque lo físico también está presente.
Pero ¿Qué es lo que usted más admira de Taylor?
Que parece que ella viene de otro mundo, como lo parecen todas las grandes bailarinas.
¿Qué fue lo que más le llamó la atención de esta bailarina?
Su imaginación, su musicalidad e individualidad, su peculiar individualidad. Eso también le llamaba la atención a Balanchine, le gustaban las cualidades individuales porque lo motivaban a crear una historia, un movimiento, una danza; o a crear sin historia. [Risas]
¿Me puede llevar a. . .?
¿1954? ¡Por supuesto! ¿Cómo le gustaría viajar? ¿En carroza? ¿En el carro de Apolo? Bueno, en ese tiempo yo ingresé a la compañía y evidentemente, yo tenía muchas esperanzas, y luego, de repente, para esa danza, mi nombre apareció en la tablilla. Creí que iba a saltar de alegría, pero no fue así porque en ese entonces ¿qué primeras bailarinas eran miembros de la compañía? Maria Tallchief, Tanaquil Le Clercq, Melissa Hayden. Todas ellas bailarinas sobresalientes con una gran individualidad, bailarinas a las que había que admirar. Ellas siempre aportaban correcciones como por ejemplo: "Tus ojos se veían demasiado redondos" o "No te pusiste suficiente rubor en las mejillas" [risas]. Eran bailarinas que estaban muy involucradas con el trabajo de la compañía y eso era maravilloso, tener toda esa retroalimentación, no solamente para las bailarinas principales, sino para todas.
Hábleme de cómo se llevaron a cabo los ensayos.
¡La música! ¡Oh, la música! Nadie la había escuchado antes, nadie la conocía. La música de Ives no se tocaba. Balanchine la descubrió, y en esa época no existían los CDs, él tocaba las partituras. Él siempre estaba al día en lo referente al desarrollo de la música.
Entonces, se encuentra ensayando Ivesiana y. . .
"¡Quítate los zapatos y súbete a la barra!" [Qué felicidad] ¡Oh, déjenme subir a la barra! Yo escalaba montañas en Ojai Valley [California] y estaba dispuesta a subirme en cualquier cosa que me pusieran enfrente; excepto el metro. [Risas]
Entonces ¿se subió a la barra?
Sí, en la esquina y de ahí me subí a los hombros de un muchacho. No tenía la menor idea de lo que iba a suceder, Balanchine no nos dio ninguna explicación. "Párate en la espalda del muchacho, estírate y déjate llevar. Cuando escuches la trompeta, esa es tu señal." Yo estaba tan emocionada que puse toda mi confianza en Mr. B. y recibí todo su apoyo. ¿Qué pasó sicológicamente? Bueno, yo venía de ser nadie, básicamente surgí de la nada, [pausa] yo era suplente original para Agon, que era muy interesante, y me gustaba ser la suplente original porque hasta ese momento nadie había compuesto algo así. La gente todavía se refiere a la coreografía [de Agon], no directamente, sino acerca de como expandió las ideas de cómo hacer coreografía.
¿A qué primera bailarina suplía?
A las dos, pero eventualmente bailé el rol de Diana Adams, antes de lo esperado, porque Diana estaba débil y debía tomarse un tiempo. Bueno, a veces los bailarines son frágiles y hay que irlos a ver en el momento en que los descubres. También los bailarines son generosos. Cuando te subes al escenario y das una función, eso es un acto de generosidad.
¿Qué pasa cuando se es un suplente?
Uno está al fondo del salón y tiene tiempo de pensar y ver, sin tensión, aunque también está bien estar al frente. Lo bueno es estar en el salón. [Risas]
¿Qué observó allá atrás?
A veces pensaba como podría interpretar lo que estaba viendo, tal vez hacer algunos ajustes que me acomodaran. Me inspiraba por lo que veía, pero siempre con la idea de que tenía que adaptar esa danza a mi cuerpo. Para ajustarme ese fantástico poncho que estás vistiendo, tráeme mi gancho de tejer. [Risas] Me gusta tejer a gancho, pero no tengo tiempo, no hay que distraerse tejiendo mucho, pero yo hice esto [saca de su bolsa un sombrero azul], aunque no tengo mucho tiempo.
Usted también fue famosa por su interpretación en Seven Deadly Sins (Los siete pecados capitales) que la asoció con la cantante Lotte Leyna.
Oh, me encanta pecar.
¿Cuál es su pecado favorito?
Dios mío, todos son muy divertidos. Quizá la pereza no sea muy divertida, pero la lujuria es divertida. En ese ballet los cambios de vestuario eran muy divertidos, yo buceaba a través de papel de aluminio y Eddie Bigalow siempre me atrapaba. [Risas]
¿Se acuerda mucho de ese ballet?
Me acuerdo. Trataron de reponerlo pero me parece que esperaron demasiado tiempo. Bueno, Balanchine lo quería revivir, pero siempre tuvo problemas porque Leyna no estaba disponible, entonces pensó en Barbra Streisand y después en Bette Midler, y en ese momento estalló una huelga sindical. Recuerdo muy bien la sección de la gula, con una escalera y un cono de helado, haciendo una maroma hacia atrás, la cual no me salía bien. Me hizo falta el entrenamiento acrobático, pero a mi mamá no le gustaba el tap, las puntas y la acrobacia; eso era lo que se enseñaba en las escuelas de danza de mis tiempos; mi mamá se encargó de buscarme las mejores maestras como Carmelita Maracci y Nijinska.
¿Qué recuerdos tiene de Nijinska?
¡Oh! Que daba la clase vestida con unos piyamas negros, no usaba un vestido como [Felia] Dubrovska. No. Ella nos hacía recorrer el salón con furia, con una energía demoniaca y corría hacia el pianista para corregirle el tempo. Después de la clase era muy encantadora, pero no le gustaba que masticáramos chicle. El otro día, yo estaba dando clase en Barnard y le dije a una chica "¿estás mascando chicle?" y ella me contestó "no, estoy comiendo una manzana," y yo le dije ¿qué, es una manzana verde o roja? En realidad no supe que decir, porque no se debe mascar chicle y tampoco comer una manzana en clase, es un principio ruso antiguo, no es cualquier cosa, es un principio, pero ella no lo sabía.
¿Nijinska la alentaba?
Si, era maravilloso que ella me animara. Para mi es inexplicable por qué estoy ganando este premio (Dance Magazine Award), pero me encanta. Cuando entré en la compañía de ballet, yo miraba y observaba, escuchaba, porque nunca antes había escuchado ese tipo de música, yo no crecí escuchando música clásica, yo escuchaba la radio. Éramos una familia cascanueces y me refiero [truena los dedos] a este tipo de cascanueces.
¿Qué pensaba Balanchine acerca de usted y qué le gustaba de su forma de bailar?
Es probable que le gustara lo que a mí me gusta de Janie y otras jóvenes: las peculiaridades como la energía demoniaca, y por supuesto, el espíritu. Tal vez una gracia natural combinada con la falta de gracia, tal vez le gustaba la parte monstruosa de mi espíritu. Cuando bailé a un monstruo del ballet El Pájaro de Fuego, me entregué completamente. Yo creo que él vio pasión y yo tuve la suerte de estar en el lugar y momento adecuado. No estoy segura de que es lo que él vio. Yo pensaba que era buena y además tenía 15 años, pero también sabía que tenía mucho que aprender, como si tuviera que aprenderme toda una enciclopedia, de las antiguas.
No una digital.
No. Cuando salíamos de gira, casi todos los bailarines visitaban los sitios turísticos, pero yo prefería tomar mis clases de ballet, también Maria y Tanny, y otros tres bailarines más, Balanchine pudo ver mi dedicación, y yo, después de la clase, me dedicaba a visitar los sitios turísticos.
¿Quién le va a entregar el Dance Magazine Award?
Jacques [d'Amboise], mi primer compañero en la clase de adagio, trabajaba a capa y espada, además de que no parecía importarle que me despeinara un poco durante la clase de adagio. En esas clases es difícil mantener un peinado impecable. Jacques era maravilloso.
¿Por qué bailaban tan bien juntos?
Por química, es como en el Cascanueces, tienes un marido en el primer acto, pero cuando baja el telón. . . ya no, es admiración y se puede crear una fantasía romántica, como dijo Fellini, bailar es como un encaje. Me encantaba bailar con él Scotch Symphony, lográbamos una cargada que en la versión actual del ballet ya no se hace, es una lástima. Era fácil, nos gustaba mucho aventarnos, había que aventar a la bailarina y atraparla inmediatamente. O si no, hay que aventarse en el centeno. En Rusia hay mucho centeno. [Se ataca de risa]
Me molesta ver un ballet que usted hizo famoso, Bugaku, porque pienso que no se baila correctamente.
Ese ballet es una mezcla de varias cosas, Es, por supuesto, interior y exterior al mismo tiempo y ¿qué es? Es algo inocente y sensual a la vez, suceden muchas cosas que generalmente no se ven en los escenarios. En realidad lo que ves un développé à la seconde [lo marca con sus brazos, utilizando uno como la base y el otro para ejecutar un retiré y luego extenderlo]. El cuerpo en el ballet es hermoso e irreal y ¿qué te parece la idea de utilizar las zapatillas de punta?
¿Todavía las utiliza durante la clase?
No, solamente en las noches.
¿En sus sueños?
[Asiente riéndose]
Actualmente ¿tiene sueños en los que está bailando?
Oh si, soñar es bueno. Mis pirouettes en los sueños son fantásticas. . . Pienso que a los dioses griegos les hubiera gustado bailar en puntas. No, olvidemos esto.
Usted no bailó lo que no quería ¿Fue Liebeslieder Walzer?
Sí.
Y cuando Balanchine le pidió que lo bailara, por qué le dijo: ahora no porque estoy muy ocupada.
Oh ¿por qué hice eso? Lo hice porque estaba muy abrumada. Pero no debemos mirar hacia atrás, debemos vivir el momento y hoy es un día muy hermoso.
¿Por qué escribió Once a Dancer…?
Estaba escribiendo para mí misma, para descubrir donde había estado y lo que había hecho, para entusiasmarme de nuevo. Me encantó que a mucha gente le gustó ¿y por qué no? Es una historia y cada quien tiene una historia diferente. Estoy muy contenta porque la Universidad de Florida ha decidido reeditarlo. Me emocioné mucho porque me tomó mucho tiempo escribir este libro, porque lo hice a mano y después lo dejé a un lado. Posteriormente lo retomé, eso es lo que hay que hacer, y lo saqué a la luz. Es como lo que le sucede a un huevo de avestruz, al libro le tomó mucho tiempo salir del cascarón.
¿Cómo le ayudó terminarlo de esa manera?
Bueno, mi carrera se había terminado y yo quería revisitarla; al escribir el libro yo estaba tratando de que mis oraciones ejecutaran algunas pirouettes y poner algo de danza en lo que escribía. Era un reto y al mismo tiempo un destino.
Usted cambió su nombre, de Iris a Allegra ¿Sintió que por eso se tenía que convertir en una persona diferente?
¡No! Cambiar de nombre fue fácil. Todo el mundo lo hace.
Yo no he cambiado el mío.
Qué bien, maravilloso. Minerva cambió el suyo, primero era Atenea y luego Minerva. Cuando llegaron a este país, mis abuelos cambiaron sus nombres. Algunas personas dicen que les gusta mucho saber de donde provienen, pero yo no tengo ni idea de donde provengo, y a veces me pregunto cómo fue que mis antepasados sobrevivieron a la Edad Media, porque a mí no me gusta el agua fría.
Hablando de agua ¿continúa nadando?
Me encanta nadar en agua caliente, pero por el momento no estoy nadando. Me gusta mucho hacer los ejercicios debajo del agua, que yo inventé, porque son algo chistosos.
¿Durante cuánto tiempo ha estado dando clases de Ballet en Barnard?
Creo que he estado dando clases durante siete años. [Los estudiantes] en Barnard y en Columbia quieren tener una educación, pero también quieren bailar, sin las presiones que se tienen en un conservatorio, en donde se estudia solamente ballet. Este es un lugar en donde se puede bailar, aun en las clases de los viernes a las 10 de la mañana, que es un horario muy agotador para los estudiantes de esta universidad. Me encantan estos estudiantes y la universidad, con sus geranios blancos y sus árboles de magnolias. Es maravillosa y es un mundo muy diferente.
Allegra Kent - Dance - Time Out New York http://newyork.timeout.com/arts-culture/dance/54006/allegra-kent#ixzz1C6NErDdB
La inimitable Kent con Edward Villella, bailando "Bugaku". Fotógrafo Bert Stern.
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