Por Ivi May Dzib
Palabra y cuerpo de mujer en BANG GUARDIAS FEMENINAS Investigador del trabajo psicofísico del actor y la puesta en escena, Julio Jiménez nos lleva a ese punto sutil en que la danza y el teatro se confunden, se fusionan y forman un sólo cuerpo, esto a través del montaje escénico de dramadanza titulado Bang Guardias femeninas que se presentó el pasado 1 de diciembre en el teatro Daniel Ayala Pérez, pero que dentro de la absurda discusión de entre lo que es y no es (o más bien a qué rama de las artes escénicas se refiere) se torna en una sola cosa: teatro.
|
Julio Jiménez, constructor de imágenes para la escena, esta vez por medio de la palabra y el cuerpo de cinco bailarinas nos entregó una obra en la que se aborda la problemática que vive la mujer en esta sociedad machista, en la que la doble moral y la violencia se dibujan de manera cruenta pero que se amaina en este espectáculo mediante la metáfora. A partir de textos de Estela Leñero, Ambar Past, Víctor Ronquillo y Ronda Chervin se nos muestra a la madre, la infiel, la trabajadora o la enamorada; pero desde el matiz de la intolerancia que en muchas ocasiones es provocada por la propia mujer que sucumbe ante la imposición del “deber ser” de la condición femenina. A la manera de un Kinsey Report (poema de Rosario Castellanos) pero con una búsqueda que es preponderada por la respuesta orgánica del cuerpo y la plasticidad de las imágenes, la obra producida por el Laboratorio de Investigación Teatral Sak Bej nos lleva a la reflexión a la vez que provoca y desencadena lo que no cualquier producto artístico hace: la reacción del espectador. No faltó quien saliera del recinto ante la declaración de amor y la felicidad de un matrimonio entre mujeres a punto (una de ellas) de tener al primer hijo. Lo saludable de esto es que en la mayoría de los casos nos topamos ante obras que provocan en el espectador además de aburrimiento la complacencia de no saberse afectado. El arte es afectación, cierto es que habrá quien se incomode, si alguien del público se levanta es que ya se provocó un efecto y en el caso de Bang Guardias femeninas no podemos hablar que si alguien del público se marchó fue en protesta ante la mala calidad del espectáculo, ya que tanto escenografía, vestuario, iluminación, así como la búsqueda de un lenguaje corporal que suplantaba el plano verbal del discurso, estaban en el nivel que se pretende o al menos deberían pretender los que habitan la escena yucateca. Ligia Aguilar por ejemplo abordó la palabra de tal forma que fue un acierto para su escena. Conocemos la indiscutible calidad de Ligia como bailarina y el reto de anexar la palabra a su secuencia corporal de mujer infiel, sin matices vivenciales, provocó una legible armonía entre palabra y cuerpo. El reto para los ejecutantes al momento de verbalizar se consolidó en base a la comunión que sólo produce la búsqueda, misma que se da en la experimentación y en las ventajas que aporta trabajar en un laboratorio de investigación teatral. Por ejemplo, el español con acento extranjero de Haley Jo Honeman, fuera de lacerar el oído del espectador se potencializó gracias a la perfecta comunión que logró con su compañera y amante en escena. Este trabajo de Julio Jiménez es de esos productos artísticos que deberían permanecer en cartelera por una larga temporada, pero cómo lograr esto, cómo gestionarlo, estamos pues ante el círculo vicioso del teatro en Yucatán: si el teatro por su misma naturaleza es efímero, ante la indiferencia de crear los mecanismos administrativos que lo fomenten, se torna entonces en un suspiro. (Bang Guardias femeninas: Elenco integrado por las bailarinas Guelmi Valeria Rodríguez Leal, Fátima del Carmen Zertuche Lizcano, Nadia Zuppo Herrera, Haley Jo Honeman y Alejandra Sasil Sánchez Chan; Asistente de dirección Jorge Andrés Iut Iut; Escenografía y utilería a cargo de Eric Pantoja Andrade; Producido por Sak Bej (L.I.T); Dirección General de Julio Jiménez)
|