Julie Kent flota sobre un escenario de La Habana. Y levita también si habla, aun cuando estremezca al partenaire con la fuerza de su experiencia, de sus ideas que nadie en el American Ballet Theatre rebate. La joven intérprete de Camino a la fama, es toda una institución. Tan mítica y familiar ella misma como la compañía que así describe.
 Siete sonatas
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Su carrera es también la carrera del ABT: egresó de la American Ballet Theatre II Summer Session y de la School of American Ballet, antes de unirse por siempre a la compañía como aprendiz, en 1985. Un año más tarde, sería la única norteamericana en llevarse a casa una medalla del Lausanne International Ballet Competition y, de inmediato, el nombre de Julie Kent quedaba adscrito al cuerpo de baile del ABT. En 1990 ascendió a solista y en 1993 era presentada como Primera Bailarina. Fue el mismo año en que ganó el Erik Bruhn Prize de Toronto.
Afternoon of a Faun, Anastasia, Apolo, La Bayadera, Cenicienta, El corsario, Don Quijote, The Dream, La muerte del cisne, Fall River Legend,Fancy Free, Gaîté Parisienne, Giselle, Jardin aux Lilas, Manon,Cascanueces, Othello, Other Dances, Romeo y Julieta, Sin and Tonic, La bella durmiente, El lago de los cisnes, Sylvia, Las sílfides, Tchaikovsky Pas de Deux, Ballet Imperial, Dark Elegies, Drink to Me Only With Thine Eyes, Gong, The Leaves are Fading, Meadow, Mozartiana, Spring and Fall,Stepping Stones, Tema y variaciones. Son algunos de los ballets que incluye el amplio repertorio de Julie Kent, donde ha vestido trajes de los principales roles.
La única norteamericana reconocida con el Prix Benois de la Danse, se muestra ahora por primera vez en La Habana, en los escenarios del 22 Festival Internacional de Ballet. Acompañada de otras principales figuras del ABT, gusta dirigirse a la prensa cubana en nombre de todos. Y lo hace con la calidez de una madre de dos hijos. Tras cada palabra que pronuncia, mira a sus colegas buscando aprobación. Les respeta. Y los bailarines del ABT la aman.
Pero estas palabras son solo las suyas. Julie Kent habla ahora por sí misma. Ya el público cubano la aplaudió de pie en el Karl Marx y yo escribo esta entrevista con delicia. El resto de la aprobación y el amor quedan a juicio de los lectores.
¿Cómo se ve a sí misma Julie Kent, en el punto intermedio entre esta nueva promoción de estrellas del ABT y la generación que les precede?
El tiempo ha pasado tan rápido… Ciertamente, aunque me parece que fue ayer que la propia Alicia Alonso bailara para el ABT y que yo misma hiciera mi debut, estamos en otro momento. Y es un gran momento. Todos estos bailarines que han venido a presentarse en Cuba, son extraordinarios, además de grandes seres humanos. Es difícil verme en esa posición, me hace un poco vieja, pero realmente creo que es saludable que exista esa conexión. Es un poco la seguridad de que continuamos un camino, como si nos diéramos las manos para no perdernos.
El cubano José Manuel Carreño no esconde la admiración que siente por usted. Y ahora se despide del ABT, luego de 15 años. ¿Cuánto cree que haya significado la presencia de Carreño en la compañía, y cuánto significa ese “ser humano”, como usted misma dice, en la vida de Julie Kent?
Tengo que empezar, para que se entienda bien la idea, por otro momento: en mis años con el ABT, puedo decir que hubo un tiempo en que Kevin Mckenzie se convirtió en director y la compañía sufrió un cambio. Pero ese momento vino de forma paralela a otro suceso: coincidió con la llegada al ABT de José Manuel Carreño. Con su entrada, nuestro nivel aumentó. Lo he hablado muchas veces con Kevin y no sabemos si es así exactamente, pero creo que los bailarines se vuelven mejores cuando tienen un ejemplo. O tal vez suceda que cuando alguien como él entra a una compañía, atrae a otros buenos bailarines. De cualquier manera, la realidad es que su llegada cambió el ABT y su trayectoria, hacia un presente y un futuro maravillosos. Es lo que siento. Y, personalmente, conocerlo a él y a Xiomara ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. Son seres humanos excepcionales, alegres, constantes.
¿Le contaron ellos sobre el público cubano, antes de venir?
Todo el tiempo, aunque realmente no fue necesario. He escuchado mucho sobre el público cubano a lo largo de mi carrera. Sé que aquí hay un gran amor por la danza y por el arte en general, que las personas son muy conocedoras. Claro, tienen una escuela muy fuerte, conocen el buen ballet.
Usted bailará una pieza que ha descrito como “agotadora”, Siete sonatas; pero el programa del ABT en Cuba es casi por completo un homenaje a Alicia Alonso: Tema y variaciones, Fancy free (creado en la época en que ella bailaba en esa compañía). ¿Cuánto significa Alicia para el ABT? ¿Es cuestión de historia o realmente cree que su legado en la compañía es palpable?
Alicia Alonso es una inspiración, no solo por lo que ella hizo como primera bailarina, sino también porque ha sido una gran artista en todos los sentidos. Eso es una parte del gran tesoro del ABT que nos llega directamente, en cada interpretación, en cada función donde presentamos aquellas piezas. Ella es un modelo mundial. No obstante, creo que falta mucho de Alicia por conocer. También, por eso creo que estamos aquí. Primero, porque Alicia sentó pauta en el ABT y ella es también parte del éxito de esta compañía, de su presente. Estoy tan contenta de que en mi carrera haya podido venir aquí y celebrar sus 90 años, que me llena de orgullo. Es una responsabilidad enorme para los bailarines del ABT bailar ante ella en su país. Nos sentimos como si fuéramos sus nietos, como mismo se deben sentir los bailarines del BNC.
 Siete sonatas
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De entre las grandes figuras que hoy prestigian el ABT, es usted la bailarina más conocida en Cuba. Su palabra es ley, como mismo en EE.UU. y en el mundo entero. ¿Fungiría Julie Kent de presentadora del ABT ante el público cubano? ¿Qué nos diría?
En las interpretaciones que verán, hay un reflejo de artistas totalmente realizados, diferentes, que dejan al público con emociones distintas cada vez. Eso es una característica del ABT. Y estamos al tanto de cada uno, de nuestras fortalezas y debilidades individuales. Somos muy unidos, como una familia. Por eso, lo que luchamos —como creo que dije en algún momento en la conferencia— quisiéramos que eso distinguiera también a nuestra nación. Creo que el arte puede lograr eso, cuando se hace con amor y respeto.
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