Por segunda vez la Escuela Nacional de Ballet (ENB) vuelve a ser escenario de encuentro entre el American Ballet Theatre y jóvenes bailarines de la Isla.
Luego de que la representación completa del ABT en el Festival tomara por asalto la ENB el jueves 4 de noviembre —a solo unas horas de su última presentación en Cuba—, su director artístico, Kevin Mckenzie, propuso impartir una clase magistral a un grupo de estudiantes de último nivel. El intercambio ocurrió este viernes en uno de los salones del monumental edificio de Prado y Colón, en La Habana Vieja, que sirve de sede a la institución docente.
“Vimos en la Escuela una gran energía —dijo McKenzie antes de comenzar la clase—. Sabemos que los bailarines cubanos que hoy son nuestras principales figuras, estudiaron en este lugar y lo respetamos mucho”. El traductor hizo su trabajo para los hispanohablantes del salón y el profesor le despidió: “ahora hablaremos el lenguaje universal de la danza —explicó—, creo que ya no lo necesitaremos”.
Durante más de una hora, el grupo de estudiantes de tercer año de la Escuela Nacional de Ballet vivió lo que su directora, la Doctora Ramona de Sáa, había anunciado como “una de las clases que jamás olvidarán”. El Director Artístico de una de las compañías más prestigiosas del mundo, compañía que se ha nutrido además del talento de bailarines cubanos egresados de su misma Escuela, les corregía, les elogiaba y les aconsejaba, con la exigencia y suavidad que quizá lo caracterice también en su relación con los miembros del ABT.
Minutos antes, el Primer Bailarín de la compañía, el cubano José Manuel Carreño, había estado por los pasillos de la Escuela, compartiendo con los alumnos e “invadiendo” una que otra clase con sus consejos y experiencias. En sus manos, ese mismo día, la ENB recibió una donación de zapatillas, mallas y otros complementos imprescindibles para la enseñanza artística.
“Él y Carlos Acosta vienen cada año a la Escuela —dijo Ramona abrazada a Carreño—, cada vez que vienen a Cuba nos visitan y pasan mucho tiempo aquí. Creo que es su forma de saldar una especie de deuda con lo que recibieron en estos salones durante tantos años.”

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Originada en 1931, con el surgimiento de la Sociedad Pro Arte Musical, la ENB ha marcado hitos en la historia de la danza cubana. Figuras como Alicia, Fernando y Alberto Alonso nacieron de sus salones. Durante décadas, su claustro ha sido compuesto por bailarines en activo, de prestigio internacional. Desde 1975, sostiene un intercambio con compañías y escuelas extranjeras, que ha permitido a sus estudiantes vivir por sí mismos parte de lo que sucede en el mundo de la danza y participar en importantes concursos. Para cada uno de ellos, al terminar su tránsito por la Escuela Nacional de Ballet, hay una compañía que les espera. Entre ellas, el Ballet Nacional de Cuba, cuyo cuerpo de baile está hoy compuesto, mayoritariamente, por jóvenes egresados.
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